«Narradores de la verdad»

La Palabra de Dios, encarnada en Jesús, hace más de dos mil años que ayuda a edificar nuestro mundo. Es un mensaje de alegría, ya que como nos dice el papa Francisco «Dios está cerca» y «vino a visitarnos en persona». Dios «desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y sentirnos amados». El Papa nos ha dejado una preciosa definición de esta Palabra cuando se refiere a ella como «la carta de amor que [Dios] escribió para ti». Esta Palabra tiene poder para «cambiar la vida; hace pasar de la oscuridad a la luz». (Homilía del papa Francisco en la Santa Misa del Domingo de la Palabra, 26 de enero de 2020).

Una Palabra, pues, que comunica con lo más profundo del alma y que despierta nuestros sentidos espirituales. Mensajes que, como afirma el papa, «nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos», porque «el hombre es un ser narrador» que necesita «revestirse de historias para custodiar su propia vida». (Mensaje del papa Francisco para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales).

La Palabra de Dios nos anima, nos edifica y nos fortalece. Es un reto, pues, que nuestras palabras traten de animar, edificar y fortalecer a las personas que nos rodean. ¿Qué podemos hacer para que nuestras palabras avancen por el camino de la verdad, de la bondad y de la belleza? El trabajo de los profesionales de la comunicación es primordial. Narrar una historia, lo que sucede, es una profesión bella. Pero, a la vez, es una profesión exigente: los relatos pueden animar o herir, pueden ayudar o hundir, pueden unir o dividir, pueden construir o destruir. La palabra es el bisturí que disecciona la realidad y debe ser usada con precisión y destreza, buscando siempre el bien y la verdad.

Trabajar en el ámbito de la comunicación exige estar muy atento y no dejarse engañar por el «príncipe de la mentira», que siempre está al acecho. Comunicar la verdad, la bondad y la belleza debería ser el principal estímulo y objetivo de los comunicadores.

En un reciente encuentro con periodistas de Barcelona con motivo de la celebración de su patrón, San Francisco de Sales, pude constatar que la motivación de los profesionales de la comunicación era precisamente esa: contar la verdad. Vivimos en un mundo en que la tecnología marca el ritmo de nuestras vidas; la velocidad se distingue como un valor. En este mundo acelerado, hay que encontrar el espacio para poder ofrecer información fidedigna y veraz. Necesitamos personas que puedan dar fe de lo que sucede.

Animo a todos, ya sean profesionales de la comunicación o no, a decir siempre la verdad y a generar noticias fidedignas. Fidedigno, del latín fides dignus, significa digno de fe, de confianza. Seamos dignos de fe y confianza con nuestras palabras. ¡Promovamos fidei news y acabemos con las fake news!

Queridos hermanos y hermanas, que la fe y la confianza que genera el mensaje de Jesucristo nos ayude a caminar hacia la verdad, nos dé fuerza y nos reconforte siempre.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.