Cuaresma: Pascua en el horizonte

Queridos diocesanos:

Desde mañana miércoles, Miércoles de Ceniza, la Iglesia, nuestra “madre y maestra” que nos va guiando de manera suave pero continuada e insistente en la vida cristiana, nos va a introducir en el tiempo de Cuaresma. Este tiempo no es autónomo o independiente sino que, en realidad, está unido a la celebración de los días santos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Redentor que constituyen el vértice de todo el año litúrgico y que se prolongan en la cincuentena gozosa de la Pascua, más conocida como el “tiempo pascual”.

Por eso, es importante la atención pastoral desplegada durante este tiempo litúrgico, pero sin olvidar que está unido y en cierto depende del periodo gozoso que viene después, entre Pascua y Pentecostés, mediante el vínculo comprendido en el “sagrado triduo de Jesucristo muerto, sepultado y resucitado”, denominado también “Triduo pascual”. De hecho la liturgia misma aplica al periodo cuaresmal esta exclamación de san Pablo: “«En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,2).  Por tanto, no está fuera de lugar el insistir en el carácter progresivo también de los domingos de la primera parte del conjunto de domingos “durante el año”, siguiendo los evangelios de cada ciclo A, B y C, aunque tengan un carácter aparentemente menos unitario que los otros tiempos litúrgicos.

Aprovechemos, pues, este periodo transitorio entre el ciclo navideño -Adviento Navidad- y el ciclo pascual -Cuaresma-Pascua-, procurando sacar el mayor provecho posible para nuestra vida, espiritualidad, trabajo y apostolado. Cada domingo tiene su importancia en sí a partir de la palabra de Dios proclamada y acogida con espíritu de fe tanto en las celebraciones litúrgicas como en la lectura individual o en familia, y no solo los domingos sino diariamente. Es lo que hacemos cada jornada para alimentarnos, cuidar la salud, trabajar o descansar, relacionarnos, vivir consciente y saludablemente.

Tenemos, además, la gracia de ser creyentes en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (cf. Rom 15,6; etc.) y esto es algo extraordinariamente valioso e importante. Por eso hemos de cuidar la vida espiritual tanto o más que la salud física pues, no en vano, existe en nosotros una fuerte conectividad entre nuestro ser y nuestro hacer, entre nuestro espíritu y nuestro organismo, pero de manera que la dimensión espiritual influye en nuestro estado general mucho más de lo que pensamos. Y al contrario: el estado general afecta a nuestro espíritu y no solo desde el punto de vista psicológico. Se suele afirmar que la salud es una realidad no solo compleja sino dinámica, vinculada a la totalidad de la persona. De ahí la importancia que tiene no solo el bienestar físico, sino también el estado de ánimo y, para un creyente, la conciencia tranquila, como se dice a veces aunque no siempre la expresión responde a una situación espiritual real y verdadera.

El Misterio Pascual de Jesucristo, centro de la vida litúrgica y de la espiritualidad cristiana, que se actualiza especialmente en la Eucaristía y en los demás sacramentos, se proyecta e influye en nuestro ser y en todas las dimensiones de nuestra existencia. Dispongámonos, un año más, a celebrarlo bajo la guía, segura y estimulante, de la Iglesia.

 

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella