Templos vivos del Dios vivo

Queridos hermanos y amigos:

En la segunda lectura de la Misa de este domingo (1 Corintios 3, 16-23), el apóstol san Pablo nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”.

Seguramente, los que oyeran en tiempos de san Pablo esta pregunta quedarían sorprendidos; por una parte, les evocaría una construcción o un edificio con un uso religioso y morada de la divinidad. A los judíos les recordaría el templo de Salomón en Jerusalén, lugar donde estaban depositadas las tablas de la Alianza y era signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. A nosotros mismos, nos puede también recordar la iglesia en la que celebramos el culto a Dios.

San Pablo emplea esta palabra, “templo”, dándole un nuevo sentido, ya que, el templo al que hace referencia no es el construido por piedras y otros materiales, este templo somos nosotros mismos. Es decir, somos un templo “vivo”, en el que Dios mismo, el Espíritu Santo, habita en nosotros.

El papa Francisco dedicó una catequesis del miércoles a este tema (26 de junio de 2013), y lo explicaba con estas palabras: “Lo que estaba prefigurado en el antiguo Templo, está realizado, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la «casa de Dios», el lugar de su presencia, donde podemos hallar y encontrar al Señor; la Iglesia es el Templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él a través de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo que ilumine nuestra vida? La respuesta es: en el pueblo de Dios, entre nosotros, que somos Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre”.

Este templo nuevo, ha tenido su inició, como señala el Papa en su catequesis, con la Encarnación de Jesús: “El antiguo Templo estaba edificado por las manos de los hombres: se quería «dar una casa» a Dios para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la Encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (cf. 2 Sam 7, 1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes «damos una casa a Dios», sino que es Dios mismo quien «construye su casa» para venir a habitar entre nosotros, como escribe san Juan en su Evangelio (cf. 1, 14)”.

Con la Encarnación de Cristo Él se ha asociado a nosotros, a la humanidad y, por lo tanto, unidos a Él nos convertimos en templos del Dios vivo. Es lo que señala Francisco: “Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su «casa espiritual», la Iglesia, hecha no de piedras materiales, sino de «piedras vivientes», que somos nosotros”.

Esta es nuestra grandeza, de la que cada día debemos ser más conscientes y, a la vez, más responsables. Esta semana comenzaremos la Cuaresma y este tiempo puede ser un momento privilegiado para tomar una mayor conciencia de nuestra vocación de ser templos vivos del Dios vivo. Todos somos necesarios, en la catequesis que hoy comento con vosotros del papa Francisco nos lo plantea así: “Nadie es inútil en la Iglesia, y si alguien dice a veces a otro: «Vete a casa, eres inútil», esto no es verdad, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario”.

Al comenzar próximamente la Cuaresma, nos podemos plantear estas preguntas: ¿Cómo vivimos nuestro ser templos vivos?; como pregunta el Papa en su catequesis: “¿Somos piedras vivas o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Habéis visto qué feo es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente?”.

Ojalá sepamos descubrir en esta Cuaresma esta vocación y abrirnos al Espíritu Santo para vivir esta belleza de formar parte del pueblo de Dios que es la Iglesia y ser templos vivos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 230 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.