Baldisseri: sinodalidad es el clero y los laicos caminando juntos

Sínodo (AFP or licensors)

La sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia, concierne a su naturaleza específica, a su propio ser, por lo que no es un tema entre muchos ni una «invención» del presente Pontificado, sino una especie de «retorno a los orígenes». El cardenal Lorenzo Baldisseri parte de esta premisa al dirigirse a los miembros de la Conferencia de Obispos Latinos de las Regiones Árabes al final de la Plenaria. La intención del cardenal es ofrecerles elementos de reflexión -ligados también a su experiencia personal al servicio del Sínodo de los Obispos desde 2013- para que se utilicen en las Regiones árabes, territorios que, señala, «en la antigüedad han representado una vanguardia para el ejercicio de la sinodalidad, desde el nivel de las Iglesias locales hasta el de los Patriarcados, y que todavía hoy tienen mucho que enseñar».

El tema, que está en el centro del interés de los prelados, está experimentando hoy un «inesperado resurgimiento» -dice el Secretario General del Sínodo de los Obispos- porque, como tuvo la oportunidad de decir el Papa Francisco en su discurso con motivo del 50º aniversario del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, «está madurando la convicción de que la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» y no hay duda de que el actual Pontificado está «contribuyendo de manera significativa» a este renovado interés.

Etapas importantes citadas por el cardenal a este respecto son precisamente el discurso del 2015, «lienzo» del que tomó forma la Constitución Apostólica sobre el Sínodo de los Obispos Episcopalis communio de 2018, precedida por «un documento no menos interesante que la Comisión Teológica Internacional, titulado La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2 de marzo de 2018), que propone un desarrollo sistemático del tema, liberándose de una referencia exclusiva al Sínodo de los Obispos».

¿Qué es la Sinodalidad?

Entrando en detalles, el Cardenal Baldisseri se detiene en la definición de «sinodalidad», basándose en la Constitución Lumen Gentium y en el documento de la Comisión Teológica Internacional de 2018. El término, un neologismo de origen francés, expresa «el ser sujeto de toda la Iglesia y de todos en la Iglesia», como creyentes y «participantes en el único sacerdocio de Cristo». El término «sinodalidad» expresa, por tanto, la «subjetividad de todos los bautizados en la Iglesia», entre ellos «libres y diferentes», «unidos en comunión» y formando «un solo sujeto comunitario».

El fundamento de esta idea -explica el cardenal Baldisseri- se encuentra «en la doctrina conciliar de la Iglesia como Pueblo de Dios, desarrollada en el capítulo II de la Lumen Gentium, en la que se repropone la doctrina sobre el sacerdocio común o bautismal de los fieles al servicio del cual Cristo instituyó el sacerdocio ministerial o jerárquico. «Esto excluye -señala el cardenal Baldisseri- que en la Iglesia haya actores de un lado y espectadores del otro y permite considerar a todos como protagonistas de la misión eclesial».

La sinodalidad, por lo tanto, a la luz de los textos que el cardenal califica de fundamentales, «exige una planificación y una realización compartidas y, por lo tanto, participativas de toda la acción pastoral»; «expresa el tipo de relación que debe unir a los bautizados, es decir, una relación de comunión», que consiste en caminar juntos, reunirse en asamblea y participar en la misión evangelizadora de la Iglesia. Además, la sinodalidad «indica el dinamismo, el camino, la renovación como característica de la Iglesia» hacia su «realización perfecta» que es Cristo mismo. El elemento sinodal, observa de nuevo el cardenal, fue de hecho muchas veces en el pasado «el antídoto a una visión estática de la Iglesia», el motor» de una comunidad, capaz de «sacudir el cuerpo eclesial, ponerlo de nuevo en movimiento, es decir, en una actitud de reforma».

¿Quién implementa la sinodalidad?

Refiriéndose sobre todo al importante discurso del Papa para el 50 aniversario del Sínodo de los Obispos, el Cardenal Baldisseri señala tres temas de la sinodalidad a nivel de la Iglesia universal (Papa, Colegio de Obispos, Pueblo de Dios) y de manera similar a nivel de la Iglesia particular (Obispo, Presbíteros y Diáconos, Pueblo de Dios) y señala que «en estas ‘tríadas’ el último tema está siempre incluido en el segundo y el segundo en el tercero», es decir, que los tres sujetos «no se enfrentan simplemente entre sí, sino que están en lo más profundo de su ser, como círculos concéntricos, signo de que quienes ejercen la autoridad en la Iglesia no pueden olvidar la raíz bautismal de todas sus funciones eclesiales y su enraizamiento prioritario en el Pueblo de Dios».

«Es precisamente por esta razón que el Papa Francisco – informa el Cardenal Baldisseri – pide a los ministros ordenados que permanezcan ‘dentro’ del Pueblo, antes de ponerse a su cabeza. El «estar con» precede al «estar adelante»: el Papa primero «no está, solo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como bautizado entre los bautizados y dentro del Colegio de Obispos como obispo entre los obispos, llamado al mismo tiempo – como sucesor del Apóstol Pedro – a dirigir la Iglesia de Roma que preside en el amor a todas las Iglesias» (Discurso, 17 de octubre de 2015).

Lo que une a los tres sujetos del Sínodo es una relación basada en la escucha sincera y recíproca, porque una «Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha«, en la conciencia – dice el Cardenal Baldisseri – «de que escuchar es más que sentir». En este horizonte la antigua doctrina del sensus fidei que concede a los bautizados una particular «intuición» de la verdad revelada, un «instinto de fe», que «permite a todos los fieles -aunque cada uno de forma diferente según su propia condición- proclamar y enseñar».

En este punto, el Cardenal Baldisseri se detiene en algunas aclaraciones que también se refieren al concepto de autoridad. No se trata de oponer – afirma – una Iglesia democrática a una Iglesia monárquica, ni de lograr «una nivelación ministerial de tipo protestante» con un único sujeto que es el Pueblo de Dios. «Lejos de negar el principio de la autoridad en la Iglesia, la sinodalidad permite releerlo en clave evangélica. «No hay duda – añade el Cardenal Baldisseri – de que en la Iglesia local los obispos, asistidos por los sacerdotes y diáconos, tienen el honor y la carga de la decisión, y que lo mismo debe decirse en la Iglesia universal para el Colegio de Obispos y el Obispo de Roma, pastor y doctor de todos los cristianos. Pero esta autoridad se ejerce siempre para el bien de todos y después de escuchar a todos, porque en todos -sin excluir la más pequeña morada- el Espíritu de Cristo, que es el «Espíritu de la verdad» (Jn 14, 17)». «Es una autoridad -agrega- que, como dice claramente el Evangelio, se ejerce en la lógica del servicio, de la diaconía, siguiendo el modelo de Jesús ‘que no vino a ser servido sino a servir'».

¿Cómo vivir la sinodalidad?

En la última parte de su discurso, el Cardenal Baldisseri señala los obstáculos para la plena aplicación del concepto de sinodalidad y los esfuerzos que hay que hacer para lograrlo plenamente. Un peligro es la «mentalidad clericalista» o clericalismo, una «tentación muy fuerte», en palabras del Papa Francisco, pero también de la Comisión Teológica Internacional, que debe ser combatida porque «obstaculiza la proclamación» del Evangelio en el mundo actual y porque «tiene su origen en una grave ignorancia sobre la dignidad sacerdotal de todos los bautizados». Esta «patología» clericalista, señala el Cardenal Baldisseri, puede concernir a los pastores, pero también a los propios laicos.  Por lo tanto, es necesario tanto superar «los paradigmas todavía presentes en la cultura eclesiástica» como practicar «el arte del discernimiento comunitario, esforzándose – explica el cardenal – por interpretar juntos los signos de los tiempos».

El discernimiento, por lo tanto, en el centro de los procesos y acontecimientos del Sínodo, como siempre ha sido en la vida de la Iglesia y, por último, para renovar la Iglesia a la luz del principio sinodal, el cardenal Baldisseri también subraya la necesidad de «revitalizar los organismos de participación que surgieron después del Concilio y que hoy sufren en todas partes». Es decir, el Sínodo Diocesano, el Consejo Presbiteral, el Consejo Pastoral Diocesano, las Asambleas Pastorales y a nivel de sinodalidad parroquial, el Consejo Pastoral Parroquial y el Consejo de Asuntos Económicos.

Como pastores, concluye el cardenal en su discurso, es por tanto importante preguntarse hasta qué punto estamos con la vitalidad de estos cuerpos y si son de hecho el lugar de «ejercicio de la sinodalidad eclesial, aunque hayan sufrido muchas veces».

 

 

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