Ponencia final

Mons. Antoni Vadell y Ana Medina durante la ponencia final. (Laicos2020)

A las 10.00 horas dio comienzo la ponencia final. Un texto que fue terminado a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado. Los comunicadores fueron Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV.

La ponencia final tuvo un doble objetivo: por un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que han constituido el eje central del Congreso y por otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, se han podido identificar durante este proceso.

La ponencia empezó con un breve recorrido por el pueblo de Dios. Se explicó que la Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo: “este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. ¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios”.

Además, aseguraron que “los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneroscon la mirada puesta en Jesús, conscientes de nuestra propia vocación y con una vida entregada a los demás”.

Afirmaron también que “en estos meses hemos vivido una experiencia de sinodalidad. Sinodalidad es caminar juntos. La Iglesia sinodal, gracias al Espíritu Santo, cultiva relaciones, pone en valor la vocación de cada fiel, favorece los carismas y el sentir con la Iglesia, se caracteriza por la comunión. El proceso sinodal que hemos vivido ha estado caracterizado por: la escucha, el discernimiento y la corresponsabilidad y la participación”.

“En este Congreso estamos sembrando las semillas necesarias para renovarnos y dinamizar el laicado en España; al mismo tiempo, estamos cosechando ya los primeros frutos de los cuales saldrán nuevas semillas de sinodalidad. Para recorrer este camino necesitamos estar abiertos a la conversión pastoral y misionera, comunitaria y personal. La conversión pastoral y misionera exige la implicación de todos, cada uno desde su propia vocación. Finalmente, la conversión exige humildad. Solo podemos ser humildes si reconocemos que nunca estamos totalmente convertidos”, dijeron.

También se ha hablado de reconocer el valor y la importancia de la cultura: “la cultura que vivimos trae nuevas preguntas. El Sínodo sobre los jóvenes habló sobre algunos desafíos antropológicos y culturales a los que estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo. Necesitamos tomar conciencia de estos cambios para poder responder a los nuevos retos del tiempo y de la historia”. Y que en esta cultura la Iglesia sinodal quiere ser sal y luz: “hace tres años, en las aportaciones de los jóvenes españoles para el Sínodo sobre los jóvenes, éstos  soñaban con una Iglesia misericordiosa, acogedora, cercana y abierta al mundo de hoy y, sobre todo una Iglesia fiel a Jesús y su Evangelio. Para ello es importante: salir hasta las periferias, diálogo y encuentro, vivir desde la oración y los sacramentos, apertura a quienes buscan, cultivar las semillas del Verbo, cercanía a los pobres y a quienes sufren, anunciar el Evangelio y estar a gusto con el pueblo”.

Se ha insistido en la vocación como factor clave en la tarea de los laicos: “todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación. La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida. Este pueblo ha sido bendecido con distintas vocaciones. No es extraño entender la vocación como camino de santidad, como fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestras comunidades, porque toda vida es misión. Hay una continuidad inseparable entre vocación, misión y santidad. La llamada a la santidad es una llamada a la entrega, a la donación y a la alegría misionera. Vocación y misión están inseparablemente unidas. No podemos olvidar nunca que la vocación y la misión nacen del Señor, de Él parte la iniciativa. La misión es del Señor, es Él quien llama y envía”.

“Aquí están los fundamentos de la misión compartida, tan importante en muchas congregaciones e institutos religiosos. La misión compartida va haciéndose realidad. Es una gran alegría constatar la presencia de tantos laicos comprometidos vocacionalmente en la misión. Nos necesitamos unos y otros, cada uno con su propia vocación, para llevar adelante la misión”, han añadido.

Se ha hablado también del protagonismo del laicado. “Este protagonismo –explican- brota del don de la vocación laical y se hace concreto en la responsabilidad que toda vocación conlleva. Cuando posibilitamos y ejercemos este protagonismo, desarrollamos la sinodalidad. Esta se hace efectiva cuando todos los miembros de la Iglesia ejercen su responsabilidad en ella, según la vocación recibida. La responsabilidad de unos está unida a la responsabilidades de otros. Por eso hablamos de corresponsabilidad, que es más que de responsabilidad, porque implica una responsabilidad compartida y ejercida complementariamente. En la Iglesia sinodal nos necesitamos todos. No podemos excluir a nadie y nadie puede excluirse”. Asimismo, han dicho que les gustaría ver “este mismo protagonismo laical en los cauces de participación eclesial, siempre en clave de misión y no de poder”.

La segunda parte de la ponencia se ha centrado en dar respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Previamente, los participantes habían identificado luces y sombras, habían recogido sus inquietudes, planteado líneas de acción y concretar algunas propuestas. Todo ello ha sido plasmado en el Instrumentum Laboris, que han planteado como marco de referencia. En él se ha propuesto: encontrar cauces de crecimiento personal y comunitario, impulsar la corresponsabilidad en el seno de la Iglesia, asumir un mayor compromiso en el mundo y ofrecer una renovada formación.

Después, han procedido a explicar cómo han funcionado los itinerarios durante el Congreso y lo que se ha hecho en ellos: “el Congreso ha propuesto cuatro itinerarios que marcarán el camino de los próximos años. Los cuatro itinerarios son: el primer anuncio, el  acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública. En cada uno de estos itinerarios nos hemos preguntado: ¿Qué actitudes convertir? ¿Qué procesos activar? ¿Qué proyectos proponer? Y lo hemos hecho en el contexto de las diferentes líneas temáticas que integraban cada uno de ellos, en las que se concretan diversas necesidades a las que hemos de dar respuesta como Iglesia, y con la ayuda de las experiencias y los testimonios que hermanos nuestros han compartido con nosotros, dándonos luz sobre cómo podemos actuar”.

“Estos cuatro itinerarios responden a una lógica interna que los relaciona entre sí: representan el camino natural de nuestro proceso de fe y, al mismo tiempo, expresan la misión y la tarea que tenemos encomendadas como cristianos. En los grupos hemos reflexionado sobre las actitudes que debemos convertir, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En uno y otro caso, sabemos que la conversión tiene su fuente en Dios, gracias al impulso del Espíritu, mediante el encuentro con Jesús el Señor”, han continuado explicando.

A continuación, llegó el turno de contestar las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso. En lo que se refiere a actitudes a convertir, aseguran que “para ser Iglesia en salida vemos que hemos de combatir nuestro individualismo, abandonar el derrotismo, el pesimismo y la tentación del clericalismo. Debemos comprender que el Señor ha querido confiar en nosotros y que contamos con su Gracia. En los grupos de reflexión hemos recordado que una Iglesia en salida no es posible sin reconocer el papel de la mujer en la Iglesia, el protagonismo de los jóvenes en nuestras comunidades y la inclusión en ellas de personas con diversidad funcional. Observamos asimismo que es fundamental pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral de misión. Ello exige abrir nuestros corazones y nuestras comunidades, ponernos en disposición de escucha, cuidar el lenguaje, reforzar nuestra capacidad para la empatía, acoger; solo así es posible el diálogo, premisa de todo lo demás. Ser Pueblo de Dios en salida supone para nosotros la alegría de haber comprendido que nuestra fe adquiere todo su sentido cuando somos capaces de compartirla con quienes están a nuestro alrededor”.

Sobre los procesos a activar y los proyectos a proponer, han expuesto que “activar procesos supone partir de la realidad que queremos cambiar y tener claro a dónde deseamos llegar. Procesos y proyectos son necesarios porque en ellos vemos una herramienta eficaz de comunión. Existen dos premisas que deben marcar el diseño de los diferentes procesos que hemos de activar y de los proyectos concretos que queremos proponer: el discernimiento como actitud y metodología; y la creatividad desde la escucha al Espíritu y como oferta al mundo. Además, en los grupos de reflexión se ha destacado el valor de la parroquia como espacio necesario para el primer anuncio”.

En esta parte de la ponencia se han recogido algunas de las propuestas y proyectos más significativos. Sobre el primer anuncio: “deseamos proponer procesos como pueden ser: valorar la importancia del primer anuncio, la narración de la propia vida de fe y el testimonio creyente, en la vida diaria –la familia, el trabajo, las asociaciones, el barrio, el pueblo–. En los grupos hemos hablado sobre la necesidad de procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo. También pedimos explorar formas para acoger y acompañar a los que buscan y a quienes se han alejado de la fe. Otro proceso sencillo nos llevaría a conocer las iniciativas de primer anuncio que se están desarrollando en muchos lugares. En referencia a los proyectos, la propuesta más significativa por parte de los grupos es la creación de Escuelas de evangelizadores y para el primer anuncio”.

En lo que se refiere al acompañamiento, proponen: “procesos de acompañamiento como actitud pastoral básica en lo que hace referencia a las personas y a los grupos. En este sentido, se ha hablado de cuidar el acompañamiento de personas en situación de sufrimiento y vulnerabilidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes y, más en general, para el discernimiento de la propia vocación. Los proyectos asociados a estos procesos que pueden ayudar a desarrollarlos son, entre otros, la promoción de Grupos y Redes de Acompañantes, la creación de Grupos de Acogida en las Parroquias y la puesta en marcha de Escuelas de Acompañamiento y Discernimiento Espiritual. También valoramos como una propuesta importante la elaboración de un Plan de Formación en el Acompañamiento.

Sobre los procesos formativos ven necesario “activar procesos continuados de formación en la fe desde la infancia hasta la edad adulta en los que el laico sea el protagonista, incluyendo los sacramentos como ejes vertebradores. Entre los diferentes proyectos planteados se ha hablado de la necesidad de difundir itinerarios de formación para toda la vida, de la creación de Escuelas de Doctrina Social de la Iglesia y de la promoción de Escuelas de Formación de Comunicadores Cristianos que nos ayuden a emitir adecuadamente el mensaje que propone nuestra fe”.

Por último, en cuanto a la presencia en la vida pública: “hemos de activar procesos de diálogo con la sociedad civil y cuidar especialmente que nuestro compromiso en la vida pública no quede excluido del acompañamiento por parte de nuestras comunidades de referencia. También se ha valorado como fundamental articular procesos de diálogo entre la fe y la ciencia. En cuanto a los proyectos concretos, la promoción de foros y espacios de encuentro para los católicos comprometidos en el ámbito de la política puede ayudar eficazmente en la opción por la transformación de la realidad para la construcción del bien común”. Además, “se propone la incorporación en la vida diocesana de órganos y acciones específicas para promoción de la ecología integral” y una de las propuestas más comentadas ha sido la de “promover, potenciar, profesionalizar y estructurar los contenidos de nuestra presencia en ellas a través de la generación de proyectos evangelizadores”.

A modo de conclusión, se ha resaltado en varias ocasiones que este es el momento de los laicos. “Lo hemos experimentado en el proceso previo que nos ha traído hasta aquí. Es nuestro momento y somos nosotros los elegidos. Sabemos que el camino no es sencillo. Pero a la vez es ilusionante. Debemos salir con el compromiso compartido de seguir potenciando el papel de laicado en la Iglesia que peregrina en España”, han asegurado.

Además, han afirmado que “este proceso tiene ahora una clara continuidad”. “No hemos acabado con este Congreso, sino que constituye el punto de partida de nuevos caminos. El propósito de llegar, en primer lugar, a todos esos hermanos nuestros de nuestras diócesis, parroquias, movimientos, colegios, instituciones, a los cuales representamos y tratar de comprender que hay un camino ya recorrido, pero que queda otro más importante aún por andar y que queremos hacer juntos, como Pueblo de Dios. Hemos detectado inquietudes compartidas; partiendo de ellas, hemos concretado líneas de acción; en las reflexiones formuladas en los grupos de reflexión hemos planteado nuevas propuestas. Ahora debemos dar forma a todo ello, siguiendo la misma metodología sinodal, para ir profundizando de manera organizada en los diferentes desafíos identificados”, señalaron.

Para acabar, se ha hecho hincapié en que se ha iniciado un proceso. “Un proceso que continúa abierto y nos exige seguir caminando como Pueblo de Dios en Salida. Somos conscientes de que ha sido y es un proceso guiado por el Espíritu, presente desde el principio. Hemos vivido en estos días un renovado Pentecostés”. “Sigamos adelante”, añaden ya que no se está construyendo para hoy ni trabajando para mañana: “Estamos forjando un camino para la eternidad”.

Texto íntegro de la ponencia final

 

 

Pueblo de Dios en Salida