Cuando llegan la enfermedad y la vejez

Uno de los momentos más significativos de la Visita Pastoral es el encuentro con los enfermos y las personas mayores en los hospitales y  las residencias. Así lo experimento una vez más ahora que estoy haciendo la Visita a las parroquias del arciprestazgo de Mollet. El pasado día 11, fiesta de la Nuestra Señora de Lourdes, celebramos la Jornada Mundial del Enfermo, con un mensaje del papa Francisco centrado en una frase muy significativa del Señor: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). El santuario de Lourdes, que acoge tantas peregrinaciones de enfermos, es una escuela de vida y de realismo, y lo mismo podemos decir del contacto o la visita a un hospital o a una residencia de personas mayores. La vida real no son las fotos retocadas una y otra vez con photoshop, o la obsesión por la estética a la que conduce el postureo en las redes, como tampoco lo es el deseo imposible de no envejecer nunca. La vida real tiene su ciclo, queramos o no queramos, que hemos de aceptar, y conviene estar preparados para vivirlo con la máxima dignidad posible.

Es cierto que los seres humanos hemos nacido para vivir con alegría, y que ese anhelo de alegría está presente en lo más profundo de nuestro corazón. Una alegría grande y duradera, que ayude a dar sentido y plenitud a la existencia. En el transcurrir de la vida no faltan ocasiones de alegría: contemplar la belleza de la creación, la lectura de una buena obra literaria, la audición de una pieza musical, la admiración de una obra del arte o el visionado de una buena película. También nos produce alegría el trabajo bien hecho o el realizar un acto de servicio solidario; mayor alegría todavía encontramos al vivir el amor en familia y la amistad compartida;  por último, experimentamos la alegría en el encuentro con Dios y con los demás.

Pero el camino de la vida también está jalonado por no pocas dificultades, inquietudes y preocupaciones; se hacen presentes el envejecimiento, la pérdida de energías físicas y mentales, la enfermedad y el dolor. Ahora bien, el creyente debe afrontar estas pruebas desde la fe, a la luz de Cristo resucitado. Por eso cuando lleguen el sufrimiento y el dolor, que seguro llegarán, tenemos que convertirlas en oportunidades de encuentro con Dios, ocasión de madurar interiormente, de avanzar en el proceso de conversión.

San Pablo vincula el dolor con el trabajo apostólico: «Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia» (Col 1,24). La revelación nos abre aquí un horizonte inmenso de esperanza. El dolor no es una carga inútil, deprimente, un lastre existencial que se debe evitar a toda costa, o como mucho, soportar con resignación. Se puede convertir en colaboración eficaz en la obra de la salvación si se une a los padecimientos de Cristo, a su cruz. En consecuencia, se convierte en fuente de salvación.

Cuántas veces hemos visitado a enfermos que padecen enfermedades muy graves, que están soportando dolores severos o dolencias progresivas que van minando sus fuerzas. Antes de la visita hacemos acopio de oración, buena voluntad, y de argumentos para llevarles todo el consuelo de que seamos capaces. Pero resulta que después salimos de la visita la mar de edificados al habernos encontrado personas que rezuman paz interior, amor, e incluso una alegría serena y que nos dan un verdadero ejemplo.

Viktor Frankl, el psiquiatra vienés que  fue recluido en un campo de concentración nazi durante la II Guerra Mundial, fue un maestro en el arte de encontrar sentido a la vida. Según él, existe un sentido último en la vida que no depende de nosotros, que apunta a la trascendencia, a Dios. «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). Ahí está la respuesta.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.