«Ante la enfermedad»

Un año más, hemos celebrado la fiesta de la Virgen de Lourdes y con ella la Jornada Mundial del Enfermo, día en el que todos podemos ser, sin desearlo, protagonistas. Por eso hoy querría reflexionar un poco sobre la enfermedad; cómo la recibimos y cómo reaccionamos ante ella, pero, sobre todo, cómo podemos vivir la circunstancia de estar enfermos o de estar cerca de personas enfermas.

Lo que a priori es una mala noticia, una fatalidad, un golpe inesperado, puede ser también una oportunidad para reflexionar, para construir un nuevo esquema de valores en nuestra vida. La enfermedad nos permite valorar la salud y las cosas realmente importantes y a la vez relativizar los problemas que normalmente magnificamos. La enfermedad es muy egoísta: roba la energía física, deja sin aliento y merma las ilusiones. Sin embargo, también es cierto que, a pesar de la falta de fuerzas, las pequeñas cosas que hacemos y que recibimos cuando estamos enfermos adquieren un sentido extraordinario; son un verdadero regalo: una sonrisa, un abrazo, una llamada inesperada, una visita, un paseo…

Aunque parezca paradójico, esa debilidad y vulnerabilidad nos hacen también fuertes, nos curten y nos hacen madurar. Con la ayuda de Dios, y el apoyo de nuestros seres queridos, podemos ser capaces de dar la vuelta a la adversidad y poner al mal tiempo buena cara. Y, sin duda, ejemplo de ello son los enfermos, con hijos menores, que no se descorazonan y a los que agradezco el gran esfuerzo que realizan para aparentar normalidad ante ellos. No es fácil leer un cuento a los pequeños o jugar con ellos en esas circunstancias, ¿verdad?

Hay una inmensa humanidad y dignidad en los ojos de aquellos que viven la enfermedad de cerca. Sin embargo, a veces nuestra mirada hacia ellos es distante, no somos capaces de empatizar con ellos y nos limitamos a sentir lástima y a veces cierto rechazo.

Hoy, me gustaría que viéramos la enfermedad con otros ojos. La experiencia de la enfermedad propia y ajena debería permitirnos seguir dando gracias a la vida, a pesar del sufrimiento, y saber descubrir la providencia de Dios. Es una oportunidad para tomar conciencia de nuestras limitaciones y plantearnos el sentido último de nuestra existencia.

En los enfermos encontramos la presencia de Jesucristo. Siempre está a nuestro lado dispuesto a ayudarnos a cargar la cruz. Si le abrimos la puerta de nuestro corazón, Jesús se revela en nuestro padecimiento y nos abre a la esperanza. Poco a poco emerge un coraje y una serenidad que no son nuestros. Jesús nunca nos abandona, sino que nos invita a dejarnos abrazar por Él: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28). Jesús nos ofrece la posibilidad de dar un sentido espiritual a nuestro sufrimiento. Jesús nos invita a unir nuestro sufrimiento a su dolor, para ofrecerlo al Padre por la salvación de toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, no quiero terminar sin agradecer la entrañable labor que lleváis a cabo todas las personas que cuidáis y acompañáis a enfermos, dándoles vuestro afecto. Gracias por ser sus ángeles. Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.