Un laicado con vida y corazón

La participación en el Congreso de Laicos, organizado por la Conferencia Episcopal Española, desde la Comisión del Apostolado Seglar, y que se celebrará en Madrid a partir del 14 de febrero, me ha reafirmado en estas convicciones
que quiero compartir con todos.

1. Tenemos que partir de la realidad que es esperanzadora. El derrotismo no condujo nunca a nada. Tirar la toalla y
decir que no podemos hacer nada es tirar piedras contra nuestro propio tejado. La realidad siempre es mejor que
nuestros sueños porque los sueños, sueños son, decía el poeta. Recuerdo que le decía a una madre que tenía un hijo hiperactivo, que era agotador, que debía dar gracias a Dios por la realidad de su hijo que es siempre más esperanzador
que el hijo ideal que vive en nuestro sueño y que, por no existir, no puede ser mejor que el real y concreto que sí existe.

2. Vivamos la realidad de nuestro laicado con esperanzas evangélicas. Tenemos el tesoro que es Cristo, aunque
esté envuelto en nuestras pobrezas y debilidades. Pero, el tesoro de Jesús, no nos lo quita nadie. Él abre puertas
de esperanza y alegría, y hace resurgir su Corazón Vivo y resucitado sobre las ruinas de nuestra civilización.

Es mucho lo que podemos vivir y construir, aunque tengamos siempre sobre nosotros “agoreros” de calamidades. Hay que seguir adelante y potenciar a los laicos, pero a un laicado asociado, donde se construya y no se destruya. Donde se anuncie y se denuncie lo que todavía nos queda por hacer para ser coherentes con el Evangelio. Un laicado más de calle que de sacristía. Un laicado con más presencia en el mundo compartiendo “gozos y esperanzas” que nos recordaba el Vaticano II. Un laicado de hombres y mujeres sin complejos en una sociedad que vive acomplejada.

3. Por último, hay que seguir apostando y desarrollando todo lo que en las parroquias, en los movimientos, en las
asociaciones, en las diócesis, se está trabajando para ser fermento en la masa. Estamos haciendo mucho y bien, aunque siempre podemos hacer más y mejor.

Un laicado con vida y corazón significativa como decía el XIV Sínodo Diocesano, Iglesia en Salida que, como decía el papa Francisco, se sitúa en una realidad de hospital de campaña, donde hombres y mujeres, familias, vivieran la fe sin complejos para ser “sal de la tierra y luz del mundo”, en una tierra que, como nosotros, no seamos capaces de incendiarla del Amor de Dios, morirá de frío.

† Francisco Cerro Chaves,
Administrador apostólico de la Diócesis de Coria-Cáceres
Arzobispo electo de Toledo

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.