Ante la soledad, comunidad. Vinculándonos para cambiar las cosas

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

La soledad es uno de los grandes desafíos de nuestra época. Entra en los hogares a través de la enfermedad, la vejez, la depresión, la indiferencia, el rechazo, la experiencia del abandono o el sentimiento de fracaso. Y, una vez dentro, es difícil desalojarla. Es como un huésped indeseado o una visita inoportuna.

Cáritas Diocesana de Huesca, en colaboración con la Delegación de Pastoral de la Salud, desarrolla una campaña cuyo lema es: “Ante la soledad, comunidad. Vinculándonos para cambiar las cosas”. En España, la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero, es el punto de partida de la Campaña del Enfermo, que culmina el VI Domingo de Pascua, y que este año se ha concretado en el tema: “Acompañar en la soledad”.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en nuestro país hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Dos millones de personas mayores de 65 años viven solas. Más de 850.000 mayores de 80 años viven solos y muchos sufren problemas de movilidad. Hay, además, otras formas de soledad: la de quienes están ingresados en los hospitales o la de las familias con miembros con una enfermedad mental grave.

En nuestro mundo occidental, una de cada tres personas afirma sentirse sola. Hay personas que viven solas por decisión consciente y libre, pero es muy grande el número de quienes viven aisladas, en una soledad no deseada, sin protección, siendo invisibles para la sociedad.

El Papa Francisco afirmó en la Misa de inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la Familia: “La soledad, el drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres. Pienso en los ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los viudos y viudas; en tantos hombres y mujeres dejados por su propia esposa y por su propio marido; en tantas personas que de hecho se sienten solas, no comprendidas y no escuchadas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte” (4 octubre 2015).

El Santo Padre ha reflexionado públicamente en varias ocasiones sobre la soledad y sus efectos negativos sobre la persona. En un discurso que pronunció el 16 de marzo de 2019 ante los miembros de la Confederación Italiana de Cooperativas, dijo: “Cuando el hombre se siente solo, experimenta el infierno. En cambio, cuando advierte que no está abandonado, puede enfrentar cualquier tipo de dificultad y esfuerzo”.

En aquella ocasión, el Papa Francisco invitaba a vivir la proximidad que Jesús anuncia en el Evangelio: “Hacerse prójimo significa evitar que el otro permanezca presa del infierno de la soledad”. No podemos ser indiferentes, sino que “cada uno, según sus posibilidades, debe comprometerse a quitar un trozo de soledad a los demás. Hay que hacerlo no tanto con palabras, sino sobre todo con compromiso, amor, competencia y poniendo en juego el gran valor agregado que es nuestra presencia personal. Hay que hacerlo con cercanía, con ternura”.

La soledad solamente se puede vencer con relaciones firmes en las que se afiancen el don y la acogida. La soledad se combate con la compañía. Es necesario “acompañar”, vivir junto a los otros, ser con los otros, participar de los sentimientos de los demás, acercarnos, ser próximos, ser prójimos. Es imprescindible crear comunidad y vincularnos para cambiar las cosas.

Necesitamos comprender mejor la experiencia del sufrimiento, las situaciones de malestar y de dolor en que se encuentran las personas solas, los enfermos y los ancianos. Todos estamos llamados a ir a su encuentro con generosidad.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.