Venezuela. Baggio: la gente que sufre siente al Papa cerca de sí

Misión Caridad en la Frontera para migrantes venezolanos

Poner en sinergia las actividades de beneficencia a favor de los más débiles y vulnerables afectados por la crisis humanitaria en Venezuela. Con este objetivo, en la diócesis colombiana de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, se celebró la semana pasada el encuentro «Caridad en la frontera», promovido y organizado por el Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral y la Sección de Migrantes y Refugiados. El Papa Francisco alentó a los participantes en la iniciativa mediante un mensaje del cardenal Peter Turkson, leído por Mons. Segundo Tejado Muñoz, subsecretario del Dicasterio para el Desarrollo Humano. Al regresar de la misión, el Padre Fabio Baggio, Subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, compartió con Vatican News la experiencia de esta iniciativa caritativa y subrayó el compromiso del Papa con la población que sufre en Venezuela.

R. – Desde hace al menos dos años hemos seguido con atención la evolución del flujo migratorio venezolano y los retos pastorales que plantea a las diócesis que se encuentran a lo largo de las principales rutas migratorias. El fenómeno es particularmente visible en la frontera entre Venezuela y Colombia. El Santo Padre nos ha pedido que acompañemos a las Iglesias locales, ayudándolas a comprender la magnitud de estos desafíos y a identificar las respuestas más apropiadas y eficaces. Y esto es precisamente lo que hicimos en Cúcuta. La iniciativa siguió, en parte, la experiencia positiva que se realizó para la crisis sirio-iraquí, en la que -después de las reuniones organizadas por el entonces Consejo Pontificio «Cor Unum» durante los años de la guerra- el Dicasterio y la Sección trabajaron juntos desde el momento de su nacimiento. La Santa Sede, de manera similar a lo que había sucedido en ese caso,  reunió de alguna manera y puso alrededor de una mesa a los actores católicos que participan en la asistencia caritativa, pastoral y humanitaria a las personas vulnerables, con el objetivo de expresar concretamente la preocupación del Papa por los más débiles y pobres, entre los cuales naturalmente están los que se ven obligados a emigrar y abandonar sus hogares.

En su mensaje a los participantes en el evento, el Cardenal Turkson destacó la cercanía del Santo Padre al pueblo de Venezuela que sufre una crisis cada vez más grave. ¿La gente que conoció siente esta cercanía del Papa Francisco?

R. – Siempre tratamos de manifestar, en nuestras misiones, el amor y la atención del Papa y la Iglesia por los necesitados. Me parece que se percibe esta cercanía, y hay una gran gratitud hacia el Santo Padre. En este caso, además de reunirnos con los obispos, hemos tenido la oportunidad de visitar las obras que la diócesis de Cúcuta ha iniciado a favor de tantos hermanos venezolanos que llaman a sus puertas. En el comedor que sirve más de 6.000 comidas al día hay un gran cartel con una foto del Papa Francisco que recuerda a todos la cercanía del Papa y su especial preocupación por cada uno de ellos. Los rosarios que dimos a los invitados en nombre del Santo Padre fueron saludados con lágrimas en los ojos e inmediatamente puestos en sus cuellos como signo de gratitud por el hermoso regalo recibido del Papa.

¿Hay alguna historia, algún encuentro que haya tenido en Cúcuta que le haya impactado y que también resuma el compromiso de la Iglesia con el pueblo que sufre por la crisis venezolana?

R. – Junto con el Secretario General de Caritas Internationalis, pudimos visitar un centro en la diócesis de Cúcuta, «Centro de caridad para ayuda infantil La Niña María», que desde el inicio de la crisis en 2015 ha acogido a unos 220 niños de 2 a 10 años, tanto colombianos que regresan como venezolanos. Sin este tipo de ayuda, todos estarían en la calle. La asistencia material y educativa que el centro ofrece a los niños es para nosotros un ejemplo de la atención de la Iglesia al desarrollo integral de la persona humana, como pide el Papa Francisco. En los rostros de los voluntarios y asistentes hemos podido experimentar la belleza del don y de la gratuidad. Pienso por ejemplo en María, una profesional afirmada en su país, que nos contó partió de Venezuela y dejó todo atrás. Llevó dos hijas con ella, que la acompañaron en un largo y arduo viaje hasta la frontera. Cuando llegaron a Cúcuta, una persona de la calle les dijo que podían comer caliente en el comedor de la parroquia vecina y así fue como conocieron el comedor «La Parada». María no podía describir la felicidad de sus hijos frente a un plato de arroz y pollo. En ese momento tomó una decisión importante: ofrecería su servicio voluntario en el comedor ella misma. Esto es caridad, esto es compartir el don de la gracia.

El encuentro terminó con un compromiso también para el futuro, de ayudar a los que sufren en esa área. ¿Cuáles son los puntos más importantes?

R. – Los obispos primero destacaron una serie de desafíos en niveles diferentes, a partir de aquel puramente caritativo hasta lo espiritual. Se ha subrayado la necesidad de iniciar colaboraciones estructuradas entre las diócesis, con intercambio de información, recursos y personal. Se identificaron acciones en el signo de una solidaridad que apunta a la realización de la catolicidad de la Iglesia, ya que en la Iglesia nadie es extranjero. También se ha reafirmado la importancia de la difusión de la cultura del encuentro, recomendada repetidamente por el Papa Francisco. En el encuentro con el pobre, el emigrante, el necesitado, se realiza el encuentro con Cristo mismo. Nos gustaría continuar este compromiso para la situación concreta de la frontera también en el futuro. Veremos si es posible y cómo: ciertamente, como siempre lo hacemos, trataremos de promover toda iniciativa con la colaboración de las Iglesias locales y de las Conferencias Episcopales interesadas, y con el fin de ayudar a los obispos que están en primera línea y a las organizaciones, como Caritas, que están vinculadas a ellos. En este sentido, el Dicasterio es sólo una herramienta, el rasgo de unión entre el Santo Padre y las Iglesias locales.

 

 

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