Fe cristiana y sociedad

Las imágenes que Jesús utiliza en el evangelio de este domingo para describir la vocación cristiana son muy expresivas: luz del mundo, sal de la tierra. Jesús mismo explica el simbolismo que encierran. Una lámpara no se enciende para colocarla debajo de un celemín, del mismo modo que no se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte. La sal que perdiera su sabor sólo serviría para tirarla y ser pisada por la gente. Con estas elocuentes comparaciones, Jesús afirma que los cristianos no podemos ocultar nuestra condición renunciando a la vocación de iluminar y vivificar este mundo. Dicho con palabras modernas: los cristianos tenemos vocación de hacernos presentes en la vida pública, dando testimonio con las obras y las palabras. Y, cuando hablo de cristianos, incluyo también a los pastores de la Iglesia que han recibido de Cristo el carisma de enseñar.

Esta doctrina es tan clara que no necesitaría comentarios si no fuera porque en la actualidad se ha extendido el tópico de que la religión pertenece al mundo de lo privado. El Papa Francisco lo ha dicho con toda claridad: «El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo» (EG 64). Muchos cristianos se han tragado esta falsedad y han perdido la parresía o valentía de la fe, propia del cristianismo. Muchos poderes —culturales, económicos y políticos— estarían encantados encerrando la fe en los templos y las sacristías. Así la sociedad quedaría en sus manos para manipularla a su antojo. Pero no es así: «Ya no se puede decir —dice Francisco— que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas […] para que todos puedan disfrutarlas» (EG 182).

Los cristianos somos miembros de la sociedad, como cualquier ciudadano, y tenemos el derecho y la obligación de expresar nuestras convicciones y trabajar por un mundo acorde con la dignidad de la persona humana. El poder político —sea quien sea quien lo ostente— tiene la tentación de apropiarse del espacio público, que pertenece a toda sociedad civil, como si fuera su propiedad privada. Esta tentación de dominio totalitario se manifiesta sobre todo imponiendo ideologías que deben ser asumidas como principios indiscutibles de convivencia social. Según esta perversión del concepto de lo «público», es lógico que se pretenda reducir las convicciones religiosas y morales al ámbito de lo llamado íntimo y privado, como si el hombre pudiera dividir su conciencia, y su actividad, en categorías de intimidad y exterioridad, o de privacidad y sociabilidad. La persona es una e indivisible, de manera que su ser más íntimo se expresa en sus actos externos más simples, y estos a su vez reflejan el mundo interior de sus convicciones. Por ello, «nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos» (EG 183).

La riqueza de una sociedad democrática reside en su pluralidad al servicio, obviamente, del bien común. Esta pluralidad, ordenada por las leyes que nos vinculan a todos, exige a los ciudadanos responsabilidad para construir la sociedad civil, al servicio de la cual se deben poner los poderes públicos dejando a un lado sus intereses partidistas. Sólo así, el bien común no será una entelequia, sino el fruto de la aportación responsable y generosa de los que desean construir un mundo más humano, justo y solidario.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).