El maltrato al planeta

Manos Unidas es la asociación de la Iglesia para la promoción y el desarrollo en los países empobrecidos. La familia de Manos Unidas cree firmemente en la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos, que han sido creados por Dios, y son  llamados a vivir plenamente como hijos suyos formando una gran familia. Por eso defiende los derechos humanos y promueve actividades de educación, de sensibilización y de colaboración para llevar a cabo proyectos de desarrollo en países del tercer mundo. Todo ello comporta también una educación que ayude al compromiso por el desarrollo humano integral, y que ayude a descubrir la responsabilidad de todos en el cuidado de la tierra, la casa común.

En su encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de esta casa común, el papa Francisco destaca el hecho de que en el mundo todo está conectado, y de ahí la relación existente entre los pobres y la fragilidad del planeta; por otra parte, denuncia el nuevo paradigma y las formas de poder que derivan de la tecnología. Él lanza una invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, desde la conciencia del valor propio de cada criatura, desde el sentido humano de la ecología, desde la responsabilidad de la política internacional y local, con la finalidad de superar la cultura del descarte y adoptar un nuevo estilo de vida.

Pues bien, en el marco de la lucha contra el hambre y en favor del desarrollo humano integral y sostenible, la campaña de Manos Unidasde este año se centra en el cuidado de la casa común, profundizando en la relación que existe entre la lucha contra la pobreza y la garantía de los derechos humanos. A partir del magisterio del papa Francisco, consideramos inseparables la preocupación por el cuidado de la naturaleza y la lucha por la justicia con los pobres, porque el derecho a vivir en un medio ambiente sano, donde se protejan la sostenibilidad y la solidaridad, forma parte de la dignidad humana.

La cultura del descarte valora solo lo que genera beneficio propio, y desemboca en la exclusión de los más débiles, que al final acaban estorbando. Es justo y urgente construir una cultura del encuentro y del cuidado, tanto de los excluidos como de la naturaleza. Es preciso que escuchemos el clamor de los más pobres y el clamor de la tierra, y que evitemos la degradación medioambiental, que perjudica siempre a los más vulnerables.

El relativismo, la tecnocracia y el consumismo desenfrenado, entre otras causas, generan consecuencias graves como la contaminación y el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de biodiversidad, el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación social, el desequilibrio planetario. Son signos de muerte que afectan a nuestra casa común y a quienes en ella habitamos. El grito de la tierra y el grito de los pobres es uno, como uno debe ser el sentimiento de unión de todos los seres humanos, porque toda la creación, y especialmente todos los seres humanos, estamos unidos por el amor que Dios tiene a sus criaturas. Esta conciencia de formar una única familia se convierte en el mejor antídoto contra la globalización de la indiferencia.

El Papa nos llama a una conversión ecológica, a una ecología integral que ha de integrar las dimensiones personales y las sociales. Una ecología ambiental, económica y social; una ecología cultural, una ecología de la vida cotidiana iluminada por el principio del bien común, que pone su mirada en las generaciones futuras. De esta forma podremos gestionar el planeta de un modo más acorde con la dignidad de la persona humana, de todas las personas humanas. ¡Ojalá pongamos remedio a tiempo!

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.