Mirada a la vida consagrada

Queridos fieles:

Este domingo IV del Tiempo Ordinario coincide con la Presentación del Señor en el Templo, cuando sus padres, la Virgen María y su esposo san José, lo consagraron, según la costumbre de su pueblo, a Dios. Se celebra esta fiesta cada 2 de febrero y, precisamente, por eso es el día en que la Iglesia nos invita a mirar a tantos hermanos y hermanas nuestros que se han entregado al Señor en la Vida Consagrada.

Este año el lema de la Jornada Mundial para la Vida Consagrada es muy sugerente: “La Vida Consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”. Dos partes complementarias se notan aportando una mirada actual que ilumina la identidad y la misión de la Vida Consagrada en nuestros días: unión y semejanza con María, Madre de esperanza, y, con ella, poder ser testigo y cauce de esperanza, en medio de este mundo nuestro sufriente, poniéndonos todos en las manos de Dios, que sostiene nuestra esperanza.

Estos últimos años la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada (CEVC) y la Comisión de Obispos y Superiores Mayores (COBYSUMA) han dedicado la Jornada progresivamente a contemplar la Vida Consagrada desde una mirada Trinitaria, desde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este año, en una buena lógica, han estimado que sea una mirada a la Vida Consagrada desde la Madre de Dios y Madre de la Iglesia y, en ella, de los Consagrados.

Como dicen mis hermanos Obispos en la presentación de la Jornada: “María esperó siempre en Dios, y ahora Ella nos enseña a esperar. Las personas que viven una especial consagración a Dios están especialmente llamadas a ser, con María, maestras y testigos de la esperanza.”

Y así es, puesto que María es modelo de esperanza contemplativa y activa. Ella, en la fuente de la Palabra, orando, encontraba el motivo de su espera y por eso Dios la prefirió entre todas las mujeres para Madre del Mesías esperado, que realizó las promesas hechas a los patriarcas, profetas y reyes. Ella puso todo de su parte para que Dios actuara y así, gracias a su “hágase”, se consumó la esperanza de los siglos en nuestro Señor Jesucristo.

Precisamente por eso todos los consagrados (y todos nosotros con ellos) tienen en la Virgen a su mejor maestra en la escuela de la esperanza y, con su intercesión de Madre, se convierten para todos nosotros en testigos de la esperanza. Mucho más en nuestro mundo herido, en este mundo sufriente, lleno de pruebas y dificultades, de cruces y de experiencias de dolor.

No es que miremos el mundo solo bajo este aspecto, pues reconocemos todo lo bueno y hermoso que hay en él. ¡Claro que sí! Precisamente, ahí se hace presente el Reino de Dios que esperamos llegue a su culmen.

Pero a nadie se le escapa que todo ese dolor está ahí, que hay un mundo sufriente, con mil caras y mil rostros, cerca y lejos, que van y vienen, conocidos y no conocidos, enfermos, dolientes, personas a las que nuestro modo de vivir ha orillado y arrojado a las periferias, a la marginación personal, familiar y social.

Y por eso lo resaltamos este año 2020, agarrados de la mano de la Virgen María, Madre y Modelo de esperanza. Celebremos de manera gozosa esta Jornada en la que se nos invita a que los valoremos en sus diversos carismas y misiones, los tengamos en cuenta, los queramos y los ayudemos.

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 64 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.