Esperanza de un mundo sufriente

Hoy celebramos la Jornada de la Vida Consagrada en toda la Iglesia. El lema de este año es: “La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”. Son unas palabras que unen la figura de la Virgen María, modelo supremo de vida consagrada, con la virtud teologal de la esperanza, tan necesaria en nuestros tiempos.

Ciertamente, María es la madre de la esperanza, del cumplimiento de las promesas de Dios, de la victoria sobre el mal, de la presencia de Dios, que lo llena todo para siempre. Ella nos enseña a interpretar las vicisitudes y sufrimientos de nuestra vida, y nos ayuda a crecer en la virtud de la esperanza, que es imprescindible en la obra de la evangelización. El papa Francisco en la exhortación Evangeliï Gaudium afirma en sus palabras finales que: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo, siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (He 1, 14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización”.

En medio de un mundo sufriente como el nuestro, acechado por no pocos males y dificultades, y a la vez con tantos retos por delante, María se convierte en modelo de la actividad evangelizadora para todos los cristianos. Ella nos enseña a escuchar y creer en la Palabra de Dios, nos guía en el camino de la fe, nos educa para vivir en la esperanza; nos prepara para entregar nuestra vida totalmente a Dios y a los hermanos, en particular a los más necesitados y sufrientes. María está presente de un modo especial junto a las personas que han consagrado su vida al anuncio del Evangelio y la edificación de la Iglesia, haciendo presente a Cristo y su Iglesia en tantos ámbitos y lugares de nuestra sociedad heridos por el sufrimiento y el dolor.

En María descubrimos la dinámica de la humildad y la ternura, de la justicia, de contemplar y caminar hacia los demás. Ella es maestra de la oración  y el trabajo en la sencillez de Nazaret, y, a la vez, de la prontitud para salir de sí misma y auxiliar a quien lo necesita. En ella contemplamos la alabanza a Dios, que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. María nos enseña la dinámica de conservar y meditar en el corazón, de reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y en los pequeños detalles de cada día, de contemplar el misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de todos y cada uno.

Los miembros de la vida consagrada son en el mundo testigos elocuentes del Dios vivo. La vida consagrada pone de manifiesto la primacía de Dios y de los valores evangélicos, que van más allá de este mundo, con una entrega total a Dios y con plena disponibilidad para servir a las personas concretas y a la sociedad. Es al mismo tiempo signo de trascendencia y de comunión, de acogida y diálogo, de oración y de compromiso con los más necesitados. En medio de un mundo que tiene tantos motivos para la desesperanza, ellos son signo de una esperanza mayor, la esperanza que no defrauda, de Cristo resucitado, que camina junto a nosotros.

Agradezco una vez más la presencia de las personas consagradas en nuestra diócesis y su trabajo realizado desde la  comunión y corresponsabilidad. Pido al Señor que la mano de María les siga guiando en su caminar como testigos de la fe, la esperanza y el amor.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.