Domingo de la Palabra de Dios

El pasado 30 de septiembre, memoria litúrgica de san Jerónimo, el papa Francisco publicó la Carta apostólica Aperuit illis en la que instituye el Domingo de la Palabra de Dios, que cada año se celebrará el tercer domingo del Tiempo Ordinario. El título de este documento pontificio está tomado del relato de la aparición del Señor Resucitado a los apóstoles y discípulos, que encontramos en el capítulo 24 del evangelio de san Lucas. Después de mostrarles las manos y los pies, comer con ellos un trozo de pescado asado, y explicarles el sentido de lo que había sucedido -“era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí” (24, 44)-, el Señor, nos narra el Evangelista, “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras” (24, 45). A la luz de lo acontecido en Cristo se revela el sentido pleno de la Sagrada Escritura.

El Papa quiere que los católicos tomemos una conciencia cada vez más intensa de la importancia que la Palabra de Dios tiene en la vida y en la misión de la Iglesia. “La Biblia (afirma el Papa en la Carta Apostólica) no puede ser solo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra… La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo” (n. 4).

El conocimiento de la Sagrada Escritura nos lleva a un conocimiento más profundo y a un amor más intenso a Jesucristo. San Jerónimo, en su Comentario al libro del profeta Isaías afirma: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo”. Por ello, todos los cristianos deberíamos tener el deseo de conocer más profundamente la Escritura. Pero esto no basta, porque la Biblia es el libro del Pueblo de Dios y ha sido escrita para que los creyentes la escuchemos juntos. En la tradición de la Iglesia Católica se ha insistido mucho en la necesidad de participar en la Eucaristía dominical. Esta obligación implica algo más que asistir a la celebración para cumplir un precepto. Se trata del alimento que todo cristiano necesita para mantener viva su fe. Pero no debemos olvidar que ese alimento se nos ofrece tanto en la mesa de la Palabra de Dios como en la mesa de la Eucaristía. Las dos son necesarias para nutrir nuestra vida cristiana y para la vida de la Iglesia. El día del Señor los cristianos nos reunimos para escuchar juntos la Palabra de Dios y participar del Banquete Eucarístico.

La Iglesia no se anuncia a sí misma, sino que su misión es predicar el Evangelio. Por ello, el conocimiento de la Palabra de Dios es el elemento esencial, tanto para la evangelización como para la transmisión de la fe: debe inspirar todas las actividades evangelizadoras que realizamos en nuestras parroquias y comunidades. Una predicación o una catequesis que no esté inspirada en la Palabra de Dios o que no lleve a una comprensión más profunda de la misma, fácilmente se convierte en ideología. Por ello os invito a que la celebración de este Domingo de la Palabra despierte en todos nosotros una estima más fuerte de la Sagrada Escritura.

+ Enrique Benavent Vidal,
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.