¡Nos trataron con una humanidad nada habitual!

Del 18 al 25 de este mes de enero celebramos el octavario de plegaria por la unidad de los cristianos. Cada año, creyentes de varias confesiones cristianas preparan los materiales para las reflexiones y plegarias de estos días. Este año los ha preparado un grupo llamado “Cristianos unidos de Malta”, y encabezan el tema con esta frase de libro de los Hechos del Apóstoles (28,2) que hay que atribuir a San Pablo: “Nos trataron con una humanidad nada habitual”.

Alguien puede pensar qué relación tiene esta frase con el deseo y la voluntad de rogar por la unidad de todos los cristianos, lo cual bien merece alguna explicación.

El hecho comentado es muy sugerente y a menudo poco conocido. Pau es trasladado a Roma como prisionero ya que, habiendo sido acusado por los judíos, ha apelado al césar en su condición de ciudadano romano. Es embarcado en una nave con otros presos, custodiados por soldados. En total, y contando la tripulación, unas 276 personas. En el viaje marítimo se encuentran con una gran tormenta que dura muchos días y que pone en peligro el barco y la vida del pasaje. La desconfianza crece entre los marineros, los soldados y los presos, y más entre estos, que podían ser ejecutados si hiciera falta. San Pablo se convierte en hombre de paz y da ánimos a todos diciendo que no les pasará nada, porque confía en su Dios, que no los abandonará. Destaca en ese punto la confianza en Dios. Finalmente, y después de varios intentos, llegan a la costa de Malta nadando o sirviéndose de los restos del barco, que ha quedado destrozado por las olas.

En Malta es precisamente donde son acogidos por los nativos y donde «nos trataron con una humanidad poco corriente».

Aquellas personas tan diversas, desunidas, y buscando la salvación de cada grupo, ahora se encuentran acogidas alrededor de una hoguera, y son atendidas por unos isleños que les resultaban desconocidos y a quienes quizá ni entendían.

Hoy, muchas personas se enfrentan a los mismos miedos en muchos mares y en otros lugares. Emprenden viajes igualmente peligrosos para huir de las guerras, pobreza, catástrofes naturales… y quedan a merced de fuerzas políticas, económicas y humanas. Sufren la indiferencia de las mafias y de quienes impiden que sean acogidos y ayudados.

A todos los cristianos nos tiene que unir la compasión por todas estas personas, convirtiéndonos en testimonios de la providencia de Dios, puesto que es muy necesario ejercer la virtud de la hospitalidad en el camino hacia la unidad. Ojalá que de los cristianos pudieran también decir: «Nos han tratado con una humanidad poco corriente».

Y, ciertamente, también nosotros, cristianos de varias iglesias y comunidades, deberíamos percibir que nos tratamos con «una humanidad poco corriente». Más aún: que nos une sobre todo la estimación, la caridad de unos para con los otros.

Solamente confiando en la providencia de Dios, con la iluminación del Espíritu Santo y viviendo la caridad podemos avanzar por los caminos de la unidad. Por eso es tan importante la plegaria de todos para todos. La oración ciertamente pide el don de la unidad, pero al mismo tiempo nos dispone a ser fieles a las indicaciones del Espíritu.

En nuestra búsqueda de la unidad de los cristianos, abandonarnos a la voluntad y a la providencia de Dios también requiere deshacernos de todo lo que impida acercarnos para que se haga realidad la unidad deseada por Jesús.

¡Pidámoslo especialmente estos ocho días!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 413 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.