Este es el cordero de Dios

Queridos hermanos y amigos:

Al escuchar hoy la lectura del evangelio (Juan 1, 29-34) recordamos la figura de Juan Bautista que recientemente, en el tiempo de Adviento, también ha estado presente. Es su testimonio de que Jesús es el Mesías: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo…  Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”.

La expresión que toma para señalar a Jesús como el Mesías es “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, expresión que empleamos en cada eucaristía, antes de acercarnos a la comunión.

Esta expresión, “cordero” tiene una gran fuerza y significado en el lenguaje bíblico. En primer lugar, nos recuerda la mansedumbre. Incluso en español decimos: Es tan manso como un cordero. El cordero es el símbolo de la mansedumbre, de la bondad y de la paz. Es, además, totalmente indefenso, sobre todo, cuando es pequeño, y nos recuerda al verlo el candor y la inocencia.

Ya en el Antiguo Testamento lo hallamos también como un signo de liberación. En el libro del Éxodo (12, 1-14) encontramos que, cuando Dios decidió liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, ordena el sacrificio que cada familia debe hacer de un cordero sin defecto, macho, de un año, que debían comer la noche antes de su liberación y que con su sangre señalarán las jambas de las puertas en donde se encontraban y así, con este signo, ser salvados de la plaga exterminadora.

Más tarde en el monte Sinaí, se establece la alianza con Dios con la sangre de un cordero (Ex 24, 1-11).  Y esto será todo un signo de que el pueblo liberado se convierte en el pueblo de la alianza, de la propiedad de Dios, en pueblo sacerdotal, elegido y consagrado (Ex 19, 5-6).

Toda esta realidad del Antiguo Testamento está presente en la expresión que emplea san Juan Bautista cuando señala a Jesús como cordero de Dios. Lo importante es escuchar su testimonio, que es como un resumen de todos los profetas que lo han precedido.

Nosotros debemos escuchar ahora esta invitación y seguir a Jesús. Ser cristianos es ser seguidores de Jesucristo y, a la vez, vivir con Él, intimar con Él, y descubrir su amor y así amarlo; sabiendo que Él siempre estará con nosotros. Ser cristiano es vivir de Cristo, vivir como Cristo, vivir en Cristo, vivir para Cristo.

En este inicio del año, la invitación de san Juan Bautista nos debe animar y proponernos que su seguimiento sea una realidad todos los días.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 221 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.