El corazón del Evangelio

Acabamos de vivir la Navidad, un tiempo de gracia en el que el amor de Dios se ha manifestado de una manera singular en nuestras vidas y hemos sentido la necesidad de fraternidad. El Señor se acercó a nosotros para regalarnos su luz, pero somos conscientes de que hay muchos que no lo conocen aún y escuchamos que Él nos sigue diciendo: «¡Despertad!». ¿No os dais cuenta de que a vuestro lado hay gente alejada de Dios, que vive sin el amor y la luz de Jesucristo? ¿Estáis dispuestos a hacer posible que se escuche de forma directa, coherente, sin tapujos, sin miedos, que hay un Dios que ama a los hombres, que los salva, que vive en medio de ellos? Nunca nos quedemos encerrados, hay que salir a todos los caminos y anunciar con fuerza que ¡Dios vive!

Como nos recuerda el Papa Francisco, debemos «ser audaces y creativos» para acercar a otros «el corazón del Evangelio», es decir, «la belleza del amor salvífico de Dios, manifestado en Jesucristo, muerto y resucitado». Añade el Santo Padre que «lo importante es no caminar solos» y que hay que hacer el anuncio en clave misionera. No se trata de organizar una misión, sino de estar en estado permanente de misión. El desafío es grande, pero es apasionante. Pasa por pensar en formas de llegar a los demás, eliminar miedos a equivocarnos y a ser cuestionados, salir de la dormición y actuar.

Nuestra gran tarea, en estos momentos de la historia de la humanidad, ha de ser que todos los hombres vean la belleza del amor de Dios, que sean capaces de reconocer ese amor tan grande y maravilloso en Jesucristo. Esto hay que hacerlo con obras y palabras, con una sensibilidad que atraiga: aquella que nos enseña y que tuvo Jesús con los discípulos de Emaús. Aunque no lo habían reconocido, sintieron el gozo de la presencia de alguien diferente, que provocaba en ellos algo especial y singular como nunca lo habían vivido. «Ardía su corazón». Como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús». «Quienes se dejan salvar por Él, son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento», asevera.

¿Cómo hacer que el anuncio se produzca en la familia, iglesia doméstica, y que llegue a los hijos? ¿Cómo hacer que el anuncio llegue a mis vecinos, a los del barrio en el que vivo? ¿Cómo hacer que el anuncio llegue a los compañeros de trabajo? ¿Cómo hacer que este anuncio impregne la sociedad en la que vivo? «Tu corazón –nos dice el Papa– sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y te da esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros» (EG 121). No podemos permitirnos que los hombres no reciban el anuncio principal por debilitarlo hablando de otros aspectos. Anunciamos el amor de Dios, la belleza de Jesucristo que se ha entregado por nosotros y la presencia de Jesús vivo entre nosotros cada día.

¿Cuál ha de ser la reforma de la que nos habla el Papa Francisco? Sencillamente colocar en un segundo plano lo que no sirva para hacer llegar a todos el primer anuncio. De ahí nuestra cercanía misericordiosa, el anuncio de persona a persona o la necesidad de expresar el amor de Dios, escuchar, abrazar y bendecir, de tal manera que Jesús se vuelva cercano a través de la Iglesia.

Tomemos conciencia de que estamos viviendo un cambio de época. Hoy hay hambre de verdad, de vida, de amor, de fraternidad, de sanación de heridas que rompen y dividen a los hombres, de cuidar la casa común que es una cuestión de todos los hombres, pues es la casa que el Creador nos regaló a todos. Tenemos que transformar las relaciones que tenemos con los demás, con toda la creación y con el Creador, que es el origen de toda vida. Necesitamos forjar una red de relaciones humanas abiertas, en las que se favorezca la creatividad y podamos mostrar lo que tan bellamente nos dice el Evangelio de Juan: «Tanto amó Dios al mundo que envió a su propio hijo, para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.