Contentos como unas castañuelas

Llegaba cansado  a Belén con mucha alegría porque me habían dicho que una estrella anunciaba el nacimiento de Dios. Por el camino veía a pastores que cantaban y bailaban contentos como unas castañuelas. Les pregunté a algunos que de dónde eran y me dijeron que venían de Extremadura, de Cáceres y Badajoz. Se les veía felices de verdad. Alguien me dijo: Hemos venido a pié porque todavía no llega el tren a Extremadura. Está claro que somos pobres de solemnidad.

Llegué a Belén al anochecer. Pregunté y pregunté si habían visto a María y a José. Son muy jóvenes. Ella está embarazada. He leído que la Biblia dice que será Belén de Judá donde nacerá el Mesías el Señor. Nadie sabía nada. Caían los primeros copos de nieve. Una oscuridad envolvía la patria del Rey David. Seguí buscando y buscando. Una mujer mayor me dijo que había visto pasar hacia los arrabales, hacia las periferias, hacia la intemperie, dos jóvenes con mucha humildad y que esperaba que pronto nacería.

Subí por una cuesta, me adentré hacia donde me indicaron y en unos viejos establos comían y pasaban la noche fría de invierno los animales, donde no era raro que las temperaturas bajaran a bajo cero.

Miré por una ventana vieja, una ventana con telarañas con olor a los animales que estaban allí. Me fijé en la escena y contemplando el pesebre de Belén y toda la escena me asombré de lo que contemplé desde aquella ventana.

¿Qué contemplé? Os lo cuento:

Un matrimonio joven, María y José y un Niño en brazos de su Madre, la Virgen María miraba al Niño y tenía la serenidad y la paz que da la interioridad. La belleza de esta mujer junto a José y abrazando a su Hijo. María ha sido la única mujer que ha llamado a Dios: ”Hijo mío”

De pronto aparecieron en el cielo miles de ángeles que entonaban  un cántico tan conocido y tan pegadizo que se me quedó grabado. “y en la tierra paz” pensé ..que buena falta nos hace

Después de haber contemplado la sencillez, la pobreza de la Sagrada Familia en Belén volví para mi tierra extremeña. Me inundaba una paz inmensa. Bajaba y cantaba por los caminos. Muchos como había hecho yo subían a Belén. Estaba contento como unas castañuelas.

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.