“Felices Pascuas”, estamos en Navidad

Queridos diocesanos:

¡Feliz Navidad! ¡Felices Pascuas! Así, en plural porque Navidad es la ‘primera’ Pascua, la de Dios Padre que nos amó tanto que entregó a su propio Hijo para que nos transmitiera la misma vida que Él posee. Ante tanta generosidad no puede haber lugar para la tristeza, cuando se nos ha concedido compartir esa vida, la que elimina el miedo a la muerte y nos infunde la esperanza y la alegría de una eternidad dichosa. Después vendrá la Pascua de Jesucristo, el Hijo de Dios que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación” no solo bajó de los cielos sino que entregó su propia vida para que nosotros la tuviéramos abundante. Y celebraremos en Pentecostés la Pascua del Espíritu Santo, enviado a nuestros corazones para encenderlos en el amor a Dios y a nuestros hermanos, hijos igualmente del mismo Padre, rico en bondad y en misericordia. He aquí el motivo de la expresión tan española ¡Felices Pascuas!

Tan grande y tan entusiasta es la noticia que no la podemos ignorar y, menos aún,  guardarla para nosotros solos. Todos pueden conocerla, especialmente quienes lo pasan mal por algún motivo. La Navidad contiene un mensaje de esperanza y es una ocasión para sonreír a la vida y disfrutar de una realidad que se ha cumplido como nos habían anunciado.

Merece la pena festejar la Navidad conociendo su significado verdadero y profundo. No es una bonita leyenda ni la versión actualizada de un mito antiguo que surgió en la noche de los tiempos al calor del fuego o como fruto de la imaginación de un poeta contemplando las estrellas en una noche clara. Hace 2019 años nació un Niño a quien su Madre envolvió en pañales y recostó en el pesebre de un establo, entre el alborozo de unos ángeles que cantaban: ¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz!, y el asombro de unos pastores que pasaban la noche al aire libre cuidando sus rebaños. Enterados de la noticia, fueron corriendo a ver lo sucedido y se encontraron con el Niño recién nacido. Y como eran buena gente, compartieron la alegría de aquel nacimiento y dieron gloria a Dios.

Ese nacimiento fue el comienzo de lo que se conoce como la “era cristiana” porque aquel Niño era el Hijo de Dios que se hizo también “hijo del hombre”, es decir, semejante en todo a nosotros menos en la fealdad del pecado. Esa es la noticia más importante que se ha registrado en la historia de la humanidad y que sigue influyendo en la existencia de quienes han creído y creemos en Él. De veras. Aun para quienes dudan, Jesús -palabra que quiere decir “Dios nos salva”– ha sido y es motivo de alegría y de esperanza. Por eso, al llegar la Navidad, ha de reinar esa alegría porque ha vuelto a nacer la vida verdadera, la que todos anhelamos desde lo más profundo de nuestro ser y que está a nuestro alcance en la persona y en el mensaje de ese Niño.

Nadie debería sentirse al margen de esta gran noticia que es capaz de devolver la paz y la esperanza a quienes la han perdido u olvidado. Vivamos y disfrutemos todos este momento. Comuniquemos y compartamos esta dicha. Y levantemos la mirada al cielo al llegar la Nochebuena, porque es probable que, entre las estrellas, descubramos una que luce con más intensidad porque puede ser la que un día guió a los Magos de Oriente hasta el lugar donde estaba el Niño Jesús. De todos modos, a Él lo encontraremos siempre en los brazos de María. ¡Felices Pascuas!

+Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella