¿Es Jesús… o tenemos que esperar a otro?

Este domingo tercero de adviento se nos invita a fijarnos en Juan Bautista, con sus dudas y las de sus discípulos, y sobre todo en Jesús y su misión.

Juan Bautista cree y duda a la vez. Ha visto al hombre Jesús, le ha preparado el camino para que su pueblo lo acogiese, lo ha presentado… y ahora él está preso, encerrado en la prisión de Maqueronte, por haber recriminado a Herodes la inmoralidad pública de su vida matrimonial. Juan, confinado en la prisión, tiene razones para temer que su vida termine mal. Así pues, si Jesús es el Mesías, ¿qué hace? ¿Cómo se nota? ¿Qué sentido tiene su advenimiento? Además, Juan piensa, quizá, que debería responder a las preguntas de sus discípulos sobre aquel tal Jesús…

Desde la prisión envía mensajeros a Jesús para preguntarle: “¿Eres tú quien tiene que venir o tenemos que esperar a otro?”.

Hoy no deja de estar de actualidad la pregunta de Juan y de sus discípulos.

Contemplando tantas injusticias y los grandes males de nuestro mundo, y ante tantas ofertas de salvación que nos llegan de personas, de filosofías, de religiones, del dinero, de modas o del poder, podemos mirar nuevamente a Jesús y preguntarle: “¿Eres tú el Salvador? ¿Eres tú quien puede dar sentido a mi vida? ¿Eres tú quien me puede hacer feliz, quien puede amarme y salvarme con mis miserias y pecados, y en quien puedo confiar completamente? ¿Eres tú quien puede curar las heridas de la humanidad? ¿Eres tú, o tenemos que buscar la salvación en otras personas, ideas y cosas?”.

Jesús responde con realismo y humildad.

Con realismo, porque comenta lo que la gente ve y siente: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan puros, los muertos resucitan, y los desvalidos sienten el anuncio de una Buena Noticia.

Hoy podemos decir también que en nombre de Jesús muchas personas acogen y ayudan a los marginados y moribundos; que muchas orejas cerradas y ojos que no veían empiezan a descubrir las necesidades de los demás; y que se continúa anunciando la Buena Noticia a todos quienes se sienten desvalidos. ¡Cuántos signos de amor, verdaderos milagros, se hacen hoy en el nombre de Jesús!

Jesús responde con humildad, con modestia y discreción, porque estos hechos son pequeñas señales, pero siempre aparece el mal, el pecado, la derrota. Hoy, a pesar de que también se multiplique la acción de los seguidores de Jesús, siempre será solamente un atisbo de la salvación y de la plenitud. El mal, el sufrimiento, el pecado… continúan presentes en el corazón de las personas y en el mundo.

Por eso Jesús proclama una bienaventuranza, una tan importante que deberíamos llevarla grabada siempre en el corazón: “Feliz aquel que no quedará decepcionado de mí”. Esta bienaventuranza proclama felices a quienes no quedan decepcionados del ritmo modesto y discreto de los signos de salvación, de cómo crece el bien.

Feliz aquel que, más allá de los pecados y defectos, reconoce la gran misión de quienes ofrecen al Cristo mismo, y por eso sembramos la buena semilla de la salvación con palabras humanas y signos muy sencillos.

Felices nosotros si, a pesar de las debilidades, de las infidelidades, de la pobreza…, no estamos decepcionados de nuestra Iglesia, porque nos ofrece al Cristo.

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.