Adviento y Asamblea en nuestra Iglesia diocesana

Celebramos hoy el tercer domingo de Adviento y la liturgia nos anima a seguir caminando con alegría al encuentro del Señor, que viene para nosotros, en la cercana Navidad. «Alegraos siempre en el Señor; nos dice el apóstol Pablo, os lo repito, alegraos… El Señor está cerca» (Flp 4,4-5).

Al empezar este Adviento os invitaba a vivirlo personalmente y en clave eclesial, como comunidad diocesana, conformando los Grupos de Asamblea para hacer juntos el camino de conversión que nos proponemos, buscando una Iglesia más comprometida con el Reino que Dios viene a traer a la tierra. Hoy quiero abundar en este tema de la Asamblea, porque constituye un auténtico signo de esperanza para nuestra diócesis, un verdadero Adviento; y porque después de la etapa de preparación de estos últimos meses, ya está a punto de cruzar un umbral de gran importancia: los Grupos de Asamblea comenzarán su trabajo después de las fiestas navideñas.

Es justo agradecer el esfuerzo de tantas personas que han colaborado durante esta primera etapa de preparación para la animación, ambientación y mentalización de cara a la Asamblea. Laicos, religiosos y sacerdotes han entregado su tiempo y su ilusión para que este proyecto eclesial y pastoral se haga realidad. No puedo olvidar a quienes han respondido a los cuestionarios repartidos por toda la diócesis, porque nos ayudarán a tomar el pulso a la realidad, a entrar en contacto con lo que la gente siente, piensa y espera.

Muchos de vosotros seguramente también habréis rezado la oración de la Asamblea. «Pedid y se os dará», dice el Señor” (Mt 7,7). De este modo contribuís a que todas nuestras actividades conserven siempre su aliento y su sentido, para que sean vividas como respuesta a la inspiración del Espíritu Santo, que debe ser el verdadero protagonista de toda reunión eclesial.

Ahora, según el proceso previsto para el desarrollo de la Asamblea diocesana, con la disponibilidad y la generosidad de los Grupos de Asamblea, comienza la etapa de reflexión y de discernimiento. Un tiempo de encontrarnos, estudiar, reflexionar, orar y hacer propuestas, con el trabajo de esos Grupos. Es una tarea difícil y comprometida, pero necesaria si queremos ser realistas y eficaces. A todos vosotros os dirijo mi invitación para que a través de vuestra parroquia o movimiento os incorporéis a alguno de los Grupos que se están configurando. Nos encontramos en unas circunstancias históricas especialmente intensas, pues todos percibimos los profundos cambios que está experimentando nuestra sociedad y nuestra cultura. Nuestro discernimiento debe ser realista, ha de partir siempre de los desafíos y de las interpelaciones de nuestros contemporáneos,

Pero a la vez debemos ser animosos y vivir esperanzados, apoyados en el tesoro de nuestra fe y de nuestra experiencia eclesial que contiene potencialidades y capacidades que debemos desarrollar con convicción y creatividad. Precisamente en este momento actual redescubriremos en toda su frescura «la alegría de creer hoy». La escucha de la Palabra de Dios y la meditación del Evangelio nos harán detectar nuestras debilidades y nuestras insuficiencias, pero también nuestra misión y propuesta ante las incertidumbres y las expectativas que anidan en el corazón humano.

Los Grupos de Asamblea deben ser conscientes de su importancia en el momento actual de nuestra Iglesia. Realizarán un servicio eclesial imprescindible. No es simplemente un esfuerzo o una tarea individual. Lo están haciendo en nombre de todos, y por ello deben recoger y expresar la sensibilidad de quienes les rodean, sean creyentes o no. Este servicio eclesial irá acompañado y sostenido por todos los que nos sentimos miembros de la Iglesia. Seguiremos rezando para que la luz del Espíritu nos ilumine y nos guíe en este proceso de discernimiento que hará visible el Adviento del Señor a nuestra Iglesia en Burgos.

Termino con la oración más repetida en Adviento: VEN, SEÑOR JESÚS. Ven y acampa en nuestros corazones para que brille en nuestra vida la luz de tu amor y de tu paz.

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.