La fiesta del nacimiento de Cristo

¿Por qué celebramos la Navidad? ¿Es como si se tratara de un cumpleaños? ¿O acaso lo hacemos por rutina? ¿O porque toca en este tiempo del año? No son estas explicaciones válidas por insuficientes. Discutía yo un día con un joven en mi primera Diócesis sobre qué era más importante: Las Pascuas de Navidad o la Pascua. Me decía él que Navidad es más bonita y que hay más alegría y se crean sentimientos de paz, fraternidad, buenos deseos. Yo no le negaba todo esto, pero le dije más o menos que la Pascua más importante es la del Triduo Pascual, porque en la muerte, sepultura y resurrección del que había nacido niño de María Virgen, Jesús nos había salvado por su muerte y resurrección, y nos había abierto el camino a la esperanza y a la vida eterna, a la que todo hombre y mujer aspira profundamente, porque no queremos morir sino vencer a la muerte.

Pero ese Cristo que murió en la Cruz, fue enterrado y resucitó al tercer día.  Nació realmente un día como Hijo del Hombre, siendo Hijo de Dios. Sí, nació un día, el que fuera del año primero de la era cristiana. ¿Sabemos el día exacto? Hay que reconocer que ninguna importancia dieron los primeros cristianos a ese dato del día exacto que nació Jesús, aunque el evangelio de san Mateo y de san Lucas hablan de la infancia de Jesús y el tercer evangelista narra el nacimiento. Es la lectura del Evangelio que siempre hacemos en la llamada “Misa del Gallo”, a medianoche entre 24 y 25 de diciembre. La conocemos suficientemente, porque comienza así: “Y sucedió que mientras estaban allí (en Belén), le llegó a ella e tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre…” (Lc 2,6-7).

Lógicamente la fiesta que acaparaba la atención de los primeros cristianos desde la comunidad apostólica fue el Triduo Pascual, pero enseguida, en Oriente, no pasó desapercibido el nacimiento de Jesús, que, unido a la Epifanía y a su Bautismo, se celebró el 6 de enero el nacimiento de Cristo y la adoración de los Magos. En Roma, tras las persecuciones, que acaban al inicio del siglo IV, se escogió el 25 de diciembre como fiesta del Nacimiento del que trajo la luz y la alegría al mundo entero. Se piensa con razón que en Roma se aprovechó la fiesta pagana en honor del dios sol, que, invicto, comenzaba a vencer las sombras del invierno. Pero la fiesta de Navidad es otra cosa, porque, tras los debates teológicos del concilio de Nicea en el 325 d.C., el que nacía como Niño era ya el Hijo de Dios, Luz espléndida que trae paz, si nos abrimos a su amistad y amor, y queremos vivir como Él vivió.

Este es el origen de la fiesta de Navidad. Y así la celebramos los cristianos. Cierto que sabemos que a esta claridad de la fiesta cristiana se han añadido otras muchas cosas, como son los regalos, sobre todo a los niños, que se dan o el 25 de diciembre o el 6 de enero, por aquellos dones que los Magos de Oriente dejaron a Jesús. Y, luego, están “otras fiestas” típicas de estos días, que tiene más o menor relación con la Navidad; una buenas y otras no tanto. Por todo ello, es importante que tengamos claro que este nacimiento hay que prepararlo bien, “acompañado de las buenas obras”, porque tiene que ver con mi vida. Jesús no nació por azar, ni dejó indiferente a nadie. Hoy sí, mucha gente se ha “acostumbrado”, no a recibir a Jesús en su vida, sino a las “felices fiestas y próspero año nuevo”, que es otra cosa. ¿Tú quieres aprovechar esta Navidad de Cristo? Te invito a que reces con el evangelio de la infancia de Jesús en san Mateo y san Lucas; también a leer un buen libro sobre Navidad. Y, sobre todo, acércate al prójimo y conoce su situación, porque hay mucha gente que te necesita, los más pobres y afligidos. Y, ¿por qué no confesar y comulgar? Reconciliarte Dios y perdonar a los que te han hecho daño es también parte de Navidad. No lo olvides.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.