Dios gana la partida (La Inmaculada)

La solemnidad de la Inmaculada Concepción de María pone de manifiesto el triunfo de Dios sobre el mal. Podemos decir que Dios le gana la partida a Satanás, cuando en el paraíso hizo caer a nuestros primeros padres. La imagen de Adán escondiéndose entre los matorrales cuando Dios le llama, apelando a que estaba desnudo, es muy significativa de lo que es el pecado: «Me dio miedo porque estaba desnudo y me escondí». El pecado ha roto la relación de Dios, que, sin embargo, sigue buscando al hombre: «¿Dónde estás?»

Después de la caída, Dios no se da por vencido. Ha creado al hombre en gracia y belleza esplendorosa. Dios no ha introducido el pecado en el mundo, sino Satanás. Por eso, después de castigar a la serpiente, a Eva y Adán, Dios anuncia lo que se ha llamado el «protoevangelio»: el primer anuncio de la buena noticia. La mujer y su descendencia que, según Dios, aplastará la cabeza de la serpiente no es otra sino María, la Madre de Jesús. En el horizonte dramático de la caída y del castigo, aparece ya la mujer que, en el evangelio de Lucas, es presentada con una hermosa palabra griega que significa «llena de gracia», «colmada de gracia y de belleza», belleza y gracia en que fueron creados nuestros primeros padres para poder tener una relación directa y amorosa con Dios. Dios no se ha dejado vencer por el maligno, adversario del hombre y padre del pecado y la mentira. Dios le ha ganado la partida.

Cuando, al cabo de los siglos, el ángel Gabriel sea enviado a Nazaret, para anunciar a María que será la Madre de Dios, se encuentra con una mujer nueva, enriquecida con todos los dones de Dios. Es la «llena de gracia». Esta expresión indica que no existe nada en María que no esté impregnado por la gracia de Dios. Es la Inmaculada, la sin mancha de pecado. Aunque la Iglesia ha tardado en definir solemnemente este dogma, no ha sido por falta de fe en el mismo, sino porque lo veía ya confesado en el calificativo de «llena de gracia», como han reconocido siempre nuestros hermanos de Oriente. La mujer, cuya descendencia es Jesús, no es un ser de otro mundo fantástico o etéreo. Pertenece a nuestra raza. Tiene nuestra misma carne, y, como todos nosotros, ha sido salvada por Cristo antes de que el pecado original dejara su mancha en ella. Por eso, Dante la llama, «hija de tu hijo», porque, siendo su madre, le debe la gracia de que está revestida. Lo que perdieron Adán y Eva, la santidad original, se ha recuperado en ella por obra de Dios que la preservó del pecado en orden a ser madre de Jesús, el Hijo de Dios.

María no huye de Dios. Se sobrecoge ante el saludo del ángel. No se esconde cuando Dios la llama. Responde con humildad y con plena disponibilidad. Son las actitudes sin las cuales no sería Inmaculada. Al confesarse sierva de Dios muestra que reconoce el señorío de Dios en su vida en contraste con Eva y Adán que quieren ser dioses, engañados por el maligno. La humildad nos protege de todo orgullo y soberbia, fundamentos del pecado. María reconoce su pequeñez de esclava ante el Altísimo. Al mismo tiempo, manifiesta su total conformidad con la voluntad de Dios y su disponibilidad para que en ella se cumpla el plan de Dios. Su alma es purísima porque en ella no hay resquicio alguno de búsqueda de sí misma, sino que se conforma con el querer de Dios haciéndose pura docilidad.

Lo que Dios ha hecho con María es el mismo plan que quiere hacer en nosotros. Por eso, dice san Pablo que también nosotros hemos sido destinados a ser «santos e inmaculados por el amor». Dios quiere consumar este plan en cada uno de nosotros. De ahí que la «Inmaculada» sea el espejo donde brilla nuestro destino. Basta mirarnos en él.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).