Adviento: María Inmaculada, la llena de Gracia

Este domingo, en pleno tiempo de adviento, celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, la llena de gracia.

Para comprender de alguna manera y para integrar el hecho de que María, madre de Jesús y madre nuestra, es la Inmaculada, tenemos que hablar del pecado, y muy especialmente del que la Iglesia, siguiendo la tradición bíblica, ha denominado el pecado original. Se trata de reflexionar sobre “el pecado desde los orígenes”, a pesar de que a menudo dejamos el tema a un lado porque no sabemos cómo afrontarlo o cómo explicarlo, por aquello de la manzana y de los primeros padres, pensando que qué culpa tenemos nosotros.

Si pensamos que “hoy ya no hay pecados porque es un discurso pasado de moda, y que antes se utilizaba para infundir temor”, difícilmente podemos captar lo que significa la Inmaculada.

Pero si somos conscientes de lo que realmente sucede en nuestro mundo, en nuestro entorno y sobre todo en nosotros mismos, podremos entender el sentido de la fiesta. Por eso debemos entender lo que significa “el pecado original”, y para ello necesitamos leer los primeros capítulos de la Biblia.

¿Qué nos quiere enseñar el autor del Génesis –el primer libro de la Biblia– cuando habla del paraíso, y de Adán y Eva, que no hacen caso al mandato de Dios y acaban comiéndose una fruta creyendo que los hará más libres y más felices?

Es una catequesis para explicar, como decía Benedicto XVI, que “todos llevamos un veneno en nuestro interior… Caemos en la tentación de creer que Dios es un competidor que limita nuestra libertad y que nosotros seremos plenamente seres humanos cuando lo hagamos arrinconado”. Caemos en la tentación de creer que la plenitud de la vida y de la realización no viene de Dios, sino de querer “ser como dioses”.

Dios no quiere la muerte ni el sufrimiento. Su idea original era “el paraíso”, es decir, una vida de armonía y paz con Él, con los demás –hombre y mujer–, y con el entorno. Nuestra condición humana manifiesta que no vivimos en este paraíso. El pecado “original” no se refiere a un pecado personal, sino a la condición humana y a la fragilidad de nuestra libertad herida y tentada a sustituir al verdadero Dios para convertirnos nosotros en los señores absolutos.

Para vivir la fiesta de hoy hay que contemplar la situación de pecado de la humanidad y la gracia de Dios; el don de Dios concedido plenamente a María, y también a nosotros en la medida en que lo aceptemos. Es decir, contemplamos la acción de Dios y la libertad humana en María, pero a la vez también en nosotros.

La Inmaculada revela que Dios eligió a María como madre de su Hijo y la preservó del pecado original, de la inclinación a prescindir de Él y de rechazarlo. Por eso María es llena de gracia.

¿Y nosotros? Dios no nos ha dejado sometidos a nuestra condición. Nos ha enviado a Jesús como Salvador. Por este motivo el pecado original es denominado, en la liturgia de la noche de Pascua, «felix culpa», es decir, «feliz culpa, culpa dichosa», por la cual se nos ha concedido un Salvador tan grande.

Preparémonos, pues, en este tiempo de adviento para celebrar el nacimiento del Salvador y su venida a nuestra vida y a nuestra historia humana, para liberarnos del pecado y de la tentación de rechazar y prescindir de Dios.

¡Pidámoslo por intercesión de María Inmaculada!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 460 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.