Correctivos de la esperanza

Hemos hecho una llamada general a “crecer”, como idea fuerza de nuestra tarea pastoral. Crecer, ascender, es nuestra ilusión, porque entendemos que es lo que Dios espera hoy de nosotros. Pero la segunda palabra de Adviento desconcierta: “¡Convertíos!, ¡Allanad el camino!”

Esta palabra cambia el escenario imaginado. Desaparece aquella imagen de un pueblo fuerte y comprometido que sube hacia una cumbre utópica, hacia un mundo mejor conquistado solidariamente.

Esta segunda palabra de Adviento nos pone dos correctivos sorprendentes. Primero, que, en lugar de ascender, hay que allanar el camino. Esto quiere decir abajar lo que está alto y rellenar lo que está bajo, es decir, no se trata simplemente de que nosotros ascendamos, sino de que antes arreglemos el camino, lo dejemos expedito y transitable. Segundo, que el objetivo, la meta, no es llegar a la cima más alta, a modo de “conquista” de nuestro esfuerzo, sino facilitar un encuentro con alguien que se acerca por ese mismo camino que nosotros recorremos.

El cambio de escenario, lo que normalmente imaginamos para entender cuál es nuestra tarea, es tan importante que, si no lo conocemos y lo asimilamos, no viviremos la alegría de la salvación.

El gran luchador a favor de la causa obrera (y de todas las causas que reclamaban un compromiso de transformación social), que fue Guillermo Rovirosa, entró en la lucha social a raíz de haberse convertido a la fe: la doctrina social católica iluminaba su gran anhelo de cambiar el mundo. Pero, cumplidos ya sesenta años, afectado por las consecuencias del accidente en el que perdió un pie, escribe un libro íntimo, El primer santo: Dimas, el ladrón. En este libro narra su experiencia de “una segunda conversión”, la verdadera y profunda conversión. Él se siente “Dimas”, el buen ladrón que está crucificado junto a Jesús y se ve seducido por el amor que el mismo Cristo ha comunicado, a él precisamente, durante toda la pasión, hasta el punto de que se ve amado y perdonado de una forma absolutamente gratuita. Experimenta así una alegría inmensa e insospechada. Frente a Dimas hallará a Judas, el personaje antagónico, que tampoco le es ajeno en su vida pasada: es el gran luchador, revolucionario comprometido con la causa del pueblo, que siguió a Jesús, como el gran líder, con cuya fuerza y poder llevaría a cabo la revolución soñada. Judas, sin embargo, no encuentra sino la oscuridad, por no haberse dejado amar.

Guillermo Rovirosa puede resumir su experiencia diciendo que antes “vivía aun en el antiguo Testamento”, en aquella forma de esperar luchando a base de esfuerzos para cumplir la ley de la justicia. La “segunda conversión” consistía en abrirse, abrir los brazos para recibir el don, es decir, la persona de Jesús, que quiere compartir nuestra vida para ser encontrado como hermano y amigo.

Ahora entendemos mejor eso de “ascender mientras descendemos”. Porque el camino de Jesús fue, y es, un auténtico descenso de su gloria, para encontrarnos. Era lo que le pedía el amor auténtico. Nos enseñó así la vía de la humildad, es decir, el camino del verdadero crecimiento.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 294 Articles
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.