Manos Unidas con la COP25

¿Por qué el cambio climático es importante para Manos Unidas?

Desde 2008, Manos Unidas ha trabajado junto con CIDSE (alianza internacional formada por 18 organizaciones católicas de desarrollo de 15 países de Europa y América del Norte y de la que Manos Unidas forma parte como único miembro español) en medidas de adaptación al cambio climático, desde la perspectiva de la “justicia climática”.

El término “justicia climática” se introducía por primera vez en 2015, cuando la comunidad internacional se puso de acuerdo en la lucha contra el cambio climático y se redactó el Acuerdo de París.

Además, el texto mostraba las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo y se reconocía que el deterioro medioambiental era una amenaza para el futuro del planeta y de la humanidad. Igualmente, se cuestionaba de forma exhaustiva la sostenibilidad de nuestro propio modelo de desarrollo y reivindicaba un acuerdo ambicioso para combatir el cambio climático y consideraba que las  personas más pobres y vulnerables son las que sufren de manera más grave los efectos del cambio climático y son, al mismo tiempo, las que menos contribuyen a él (al ser sus emisiones prácticamente insignificantes) y las que cuentan con menos recursos para hacer frente escenarios meteorológicos extremos.

Este concepto, “justicia climática, busca por tanto que, en cualquier acuerdo global sobre el clima, se debe garantizar que las comunidades y países más pobres puedan contar con los recursos y medios necesarios para afrontar el cambio climático.

Durante estos años Manos Unidas ha profundizado su trabajo en la relación entre la lucha contra el hambre y el cambio climático, identificado actualmente como una de las amenazas más graves que viven las poblaciones en muchos lugares de América Latina, Africa y Asia.

Por un lado, el aumento de las sequías, la disminución de las lluvias, los procesos de desertificación, la escasez de agua, etc. ponen cada vez en condiciones más difíciles a los agricultores pobres para producir sus propios alimentos. Por otra parte, el modelo industrial global de producción y consumo de alimentos, que es responsable de la tercera parte del total de las emisiones globales emitidas a la atmósfera.

El 85% de las personas más pobres del mundo vive en zonas rurales, y dependen de la salud de los ecosistemas para sobrevivir. En este sentido, y en línea con la misión de Manos Unidas, es preciso garantizar unos acuerdos que defiendan el derecho a la alimentación, el desarrollo y el bienestar de los más pobres. En este sentido, la Organización reconoce el esfuerzo de los países para enfrentar una de las grandes amenazas de la humanidad y proteger nuestra “casa común”, pero considera insuficiente el Acuerdo de París para conseguir los objetivos marcados para finales del siglo XXI.

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