Un tiempo de alegre esperanza

Comenzamos el Adviento con las cuatro semanas de preparación para la solemnidad de la Navidad, la primera venida de Jesús y su entrada en la historia, como uno de nosotros. Este es el sentido más directo del Adviento, pero, además, tiene otro sentido importante que no podemos olvidar: debemos prestar exquisita atención a nuestra vida de creyentes en este tiempo de espera de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. En la liturgia y en la espiritualidad de este tiempo fuerte oiremos muchas veces la palabra esperanza, porque es lo que caracteriza esencialmente el tiempo de espera. Nuestra esperanza es la liberación que nos trae el Señor y esta es la que nos da fuerza para permanecer y no caer. El ejemplo de vida que nos dio el cardenal Van Thuân es alentador para todos nosotros, su opción fue “vivir el momento presente colmándolo de amor”; y el modo en que se concretaba esto lo explicaba así: “Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria”. Es el hermoso ejemplo que tenemos que tener presente en este tiempo de alegre esperanza de Nuestro Señor, con el signo de la sencillez y de la mansedumbre, sabiendo que los que esperan en el Señor poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz (cf. Sal 37,9.11).

Pasaremos momentos duros en nuestra vida, dice el papa Francisco, “tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que «se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo». Es una seguridad interior, una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos”. En Adviento, como en primavera, se renuevan todas nuestras posibilidades para acercarnos a Dios, verle cerca, cara a cara, y sentir la ternura de la mano misericordiosa de Nuestro Señor sobre nuestras cabezas. Así, Adviento es tiempo de ponerse de pie y dar la cara, confiados en el Señor. Escuchemos las palabras del papa Francisco para levantar el ánimo: “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!”.

Por toda la importante carga de esperanza que lleva consigo este tiempo es necesario prepararse bien con una buena conversión, esto es lo que oiremos desde el principio, que nos convirtamos, porque está cerca el Reino de los cielos, que Dios está a la puerta y nos llama. También nos pide el papa Francisco una verdadera conversión personal y pastoral, si queremos hacer la voluntad de Dios. Ni que decir tiene que nos costará, que una seria conversión es fruto de una revisión a fondo de nuestra conciencia y de haber optado necesariamente por permanecer en el amor misericordioso de Dios, estando en vigilia, para que no tratemos de disimular nuestra esencia de cristianos bajo la capa de las “fachadas”, disimulos o caretas. Espero que este Adviento sea una oportunidad de mantenernos con el corazón esperanzado en la práctica alegre y posible del amor, que se nos regaló. Aprovechemos para ser oyentes de la Escritura, como la Virgen María, que nos enseñó a entender que toda palabra que viene de Dios es antes un don que una exigencia.

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

Mons. José Manuel Lorca
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Mons. D. José Manuel Lorca Planes nació en la localidad murciana de Espinardo, diócesis de Cartagena, el 18 de octubre de 1949. Curso los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor "San Fulgencio“ de Murcia. Es licenciado en Teología Bíblica por la Facultad de Teología de Granada. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1975. Recibió la ordenación episcopal en Teruel el 6 de marzo de 2004. Nombrado Obispo de Cartagena el 18 de julio de 2009, tomó posesión el 1 de agosto de ese mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades.