Peregrinos, y no turistas simplemente

Decimos que nuestra vida es un camino que hay que andar. No podemos quedarnos quietos. Pero hay varias maneras de encarar ese camino, muchos modos de caminar, en definitiva. Una forma es el vagabundeo, cuando uno no sabe a dónde ir, o no tiene una meta hacia la que dirigirse concretamente. Así, hay gente que parece que va a la deriva porque no tiene un puerto hacia el que orientarse. No es ésta una buena expectativa.

Otra forma de caminar es la del turista, que da vueltas por un territorio concreto, para ver lo que considera que merece la pena ser visitado. Normalmente el turista no quiere arriesgarse y sigue unos itinerarios descritos o él mismo se los marca, según sus gustos o curiosidades. Hay también otro modo de caminar: el que recorre el peregrino. El peregrino, sin embargo, sí tiene una meta y, por tanto, sabe dónde tiene que ir: posee una orientación. ¿Cómo queremos movernos en la vida? ¿Cómo vagabundos, turistas o peregrinos? Buenas preguntas, para hacérnoslas ahora que en la Liturgia de la Iglesia empieza el tiempo del Adviento, en el que caminamos hasta encontrarnos con el que viene, Cristo.

El Adviento, en efecto, es la respuesta que la Iglesia da a las preguntas que acabo de plantear un poco más arriba: el encuentro con Jesucristo que está para llegar de nuevo. Esa es la meta verdadera de nuestra peregrinación en la vida. El ser humano no es, por ello, un vagabundo y un turista, sin que tengamos nada ni contra uno ni, por supuesto, contra el otro. También el cristiano es un peregrino porque tiene la posibilidad de encontrase con el Señor que viene.

En estos días de Adviento, con la ayuda del Espíritu Santo, miremos en profundidad hacia la espléndida realidad de la esperanza cristiana; porque esperar es algo grande y manifiesta el poder de la acción de Dios. Fue la esperanza cristiana la que, en el inicio de la Iglesia, dio al mensaje cristiano aquella extraordinaria fuerza de expansión que lo llevó a los confinen del mundo conocido; las personas, especialmente los pobres, los afligidos, vieron una propuesta de esperanza para ellos y que no excluía a nadie. Se explica así por qué creció tanto el número de cristianos. Como dijo alguien: los paganos tenían los templos a los dioses, pero los cristianos tenían el corazón de la gente en las calles, en los lugares donde la vida, con todas sus circunstancias, era la realidad palpable de cada día.

Hoy los cristianos estamos llamados a compartir la esperanza que salva, la que nos ha traído el Evangelio; y debemos estar prontos a dar razón de ella no sólo con palabras, “con delicadeza y respeto”, sino sobre todo con la capacidad de sufrir cualquier cosa por ello. Sin esperanza vivir no es vivir. En el corazón del Adviento resuena la predicación de Juan, el Precursor; en ella encontramos aquellas frases de Isaías, que él dice con fuerza a sus contemporáneos: “Yo soy la voz que clama en el desierto: allanad el camino al Señor” (Jn 1, 23).

Nuestra vida se mueve entre las dos grandes venidas del Señor: aquella de la Encarnación y la de la llamada “Parusía”, definitiva venida de Cristo. Pero hay una venida o visita del Señor en el ahora de nuestras vidas; es el Señor que viene con la gracia, con la inspiración, en ayuda nuestra. San Bernardo llama a este Adviento “la venida intermedia”. Y es para esta venida para la que debemos enderezar y allanar el camino, y abrir la puerta a Cristo. Nadie como María ha abierto las puertas de su ser a Dios. Ella nos enseña a esperar en Él. Adviento, así, es el tiempo de María: la fiesta de la Inmaculada, y, entre nosotros la fiesta de Santa María el 18 de diciembre, nos proporciona capacidad de espera, y también esperanza y apertura a Cristo y a los hermanos.

 

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.