La virtud de la esperanza

Empezamos hoy el tiempo de Adviento, el tiempo que nos prepara para la celebración de la Navidad. Es el tiempo más adecuado para cultivar la más humilde, la más alegre y la más atrevida de todas las virtudes teologales: es el tiempo de la esperanza.

Pero, ¿de qué esperanza hablamos? ¿De qué esperanza se trata? No se trata de una esperanza pasajera. Las expectativas de este mundo son limitadas, fugaces, tienen una fecha de caducidad: se encuentran siempre hechas de ingredientes terrenales que, tarde o temprano, se desvanecen como el polvo o la paja esparcida por el viento. En cambio, la esperanza cristiana es duradera. Es como la sabiduría auténtica alabada en la Escritura. Es aquella que no caduca porque se fundamenta en la fidelidad de Dios. Con todo, no es nunca un optimismo inconsciente.

Es aquella que nace más profundamente en la intimidad del corazón, es la que hace florecer en el fondo del alma la certeza de sentirnos queridos, a pesar de las penurias y los obstáculos de la vida. Es la pequeña esperanza alabada por Charles Péguy, «inquieta, temblorosa y vacilante», pero que «atraviesa el espesor de los tiempos». Es aquella que, sin embargo, infunde confianza y no nos hace sentir solos. Es la esperanza que nos deja paz y alegría en la propia intimidad, independientemente de los obstáculos, de las angustias o de lo que nos encontramos fuera. Es la «pequeña esperanza que tiene un aire de la nada», pero que es «inmortal», afirma también Péguy. Es la esperanza de que ninguna tormenta puede desarraigar en la vida.

Es la esperanza de que, como nos dice San Pablo, «no defrauda», «no engaña» (Rom 5, 1-5). Es más, esta esperanza nos carga de paciencia y de fortaleza ante las pruebas, ayudándonos a vencer toda tribulación. Cuando estamos perturbados o heridos, tendencialmente nos vemos obligados a «anidar» y a cerrarnos en nuestra propia tristeza y en nuestros propios miedos. En cambio, la esperanza cristiana nos libera de nuestros nidos de tristeza, nos hace volar, nos revela el maravilloso destino por el que hemos nacido.

Pero esta esperanza necesita ser trabajada, cultivada. Por ello, el tiempo de Adviento es el adecuado para recordar las interminables promesas de Dios y experimentar su invencible protección. Es el tiempo para escuchar las promesas, los anhelos y las esperanzas de los grandes profetas del Antiguo Testamento, como el profeta Isaías. Con él, podremos admirar la historia del pueblo de Israel, el pueblo de la esperanza. El Adviento es el tiempo para acercarnos a la Virgen, la que mejor resumió y vivió todas las esperanzas del Antiguo y del Nuevo pueblo creyente. El Adviento es también el tiempo para sentir en nuestro corazón el soplo del Espíritu de Dios que nos impulsa a la esperanza. Él nos hará ver que la esperanza viene a menudo mezclada en medio de sufrimientos, dificultades y tardanzas, porque ella es como la semilla que se siembra o el hijo que se espera.

 

† Joan Planellas Barnosell

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 19 Artículos
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.