Adviento, tiempo de espera y de esperanza

Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador». Estas palabras las proclama toda la Iglesia en la liturgia de las vísperas del primer domingo de Adviento, que celebramos hoy. Comienza un nuevo año litúrgico y desde el principio se nos invita a renovar el anuncio de la salvación a todos los pueblos. La expresión «viene» está escrita en presente. No estamos ante un hecho que ya ocurrió o que está por venir. Dios viene aquí y ahora, en cualquier momento Dios viene. Viene a nuestra vida y, a través de nosotros, quiere seguir entrando en la historia de la humanidad. Adviento es el tiempo litúrgico que nos invita a preparar la Navidad. Es un tiempo de espera y de esperanza. Pero más que un tiempo tiene que ser una actitud.

Algunos Santos Padres, como S. Bernardo, hablaban de los tres Advientos, las tres venidas del Señor: la que aconteció hace dos mil años cuando vino en la humildad de nuestra carne; la que acontecerá al final de los tiempos, cuando Él vuelva en su gloria; y la que deseablemente acontece en la vida del creyente que acoge al Señor. Por eso, la actitud de un cristiano no es la nostalgia de aquella primera llegada de Jesucristo en Belén, ni tampoco el temor por la última venida, al final de los tiempos. La actitud de un cristiano que quiere celebrar en serio la venida cotidiana de Dios, es precisamente la de abrirse a su venida, preparando los caminos, como se nos recuerda en la liturgia de este tiempo de Adviento: «Preparadle un camino al Señor, allanad la estepa, alzad los valles, abajad las colinas, enderezad lo torcido, igualad lo escabroso…» (Is 40,3-5).

Durante estas cuatro semanas estamos invitados a preparar la Navidad cristiana, revisando personalmente nuestros senderos para ponerlos en sintonía con los caminos por los que Dios quiere llegar a cada uno de nosotros. Vivamos el Adviento como un tiempo de gracia, de conversión y espera y sobre todo de esperanza, porque nos sitúa ante el rostro amoroso de Dios que se nos desvela en su Hijo, Jesucristo. Atentos a la Palabra de Dios que se nos regala en este domingo primero, quisiera destacar tres actitudes para vivir este tiempo:

En primer lugar hemos de estar vigilantes: «Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre» (Mt 24,44). Como expresa el Papa Francisco, «el Adviento nos invita a un esfuerzo de vigilancia, mirando a nuestro alrededor y más allá de nosotros mismos, alargando la mente y el corazón para abrirnos a las necesidades de la gente, de los hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Este es un tiempo oportuno para abrir nuestros corazones al Señor y a los demás, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién gastamos nuestras vidas».

La segunda actitud es la oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia y con la conversión del corazón, «pues ya es hora de despertar del sueño» (nos dice hoy San Pablo)… «dejemos pues las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz»…, «revestíos más bien del Señor Jesucristo» (Rom 13, 12-14). En la oración, como nos dice también el profeta Isaías, «el Señor nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas» (Is 2,3-4). Es, pues, tiempo de rezar, de poner los pensamientos y el corazón en Jesús, suplicando su venida.

Y en tercer lugar, vivamos nuestra esperanza en clave eclesial. El Adviento es un tiempo favorable para caminar, personalmente y como comunidad diocesana, alegres y esperanzados. Durante este Adviento os invito a ir conformando los Grupos de la Asamblea diocesana para hacer juntos ese camino renovador que nos proponemos, buscando una Iglesia más misionera y más comprometida con el Reino de Dios en la tierra… «porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe» (Rom 13,11). El Adviento es un tiempo para que los cristianos nos unamos, con una mirada universal, a todos los hombres que buscan, que quieren y trabajan por un mundo más justo y fraterno, a cuantos albergan el deseo de la justicia y de la paz.

Que Santa María, Señora del Adviento, disponga nuestros corazones para acoger la venida del Señor, con la sencillez de su fe, la fuerza de su esperanza y la profundidad de su amor. ¡¡VEN, SEÑOR, JESÚS!!

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
Acerca de Mons. Fidel Herráez Vegas 148 Artículos
Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.