Entre el deseo y su cumplimiento

El hombre vive en una tensión permanente entre el deseo y su realización. Sosteniendo esta tensión está la esperanza. Cuando se pierde, es como si al hombre le arrancaran de cuajo los deseos de vivir. Por eso, los maestros espirituales dicen que la desesperanza es el peor pecado, porque nos precipita en la muerte.

Dios ha buscado desde su creación sostenerlo en la esperanza de una vida feliz. A pesar del pecado de origen, no ha dejado de darle pruebas de su amor con promesas de felicidad y de vida eterna. El hombre no siempre ha sabido, ni sabe verlas, porque se aferra a esta tierra como si fuera el paraíso y se olvida de mirar más allá de la muerte. Pero Dios —insisto— nos ha prometido la felicidad, que colmará nuestros deseos, y la ha cumplido al enviarnos a su Hijo Jesucristo.

El tiempo de Adviento y Navidad es la prueba de que Dios cumple sus promesas. Es el Dios que sostiene la esperanza del hombre y lo hace enviándonos a quien san Pablo llama precisamente «nuestra esperanza», Jesucristo. Por eso, el tiempo de Adviento, aunque sea breve, está cargado de gran densidad porque recordamos las promesas que Dios hizo a su pueblo. Son promesas en las que se mezcla lo material con lo espiritual: Dios promete una tierra a Israel, pero al mismo tiempo le anuncia otra «tierra» que no es de este mundo, sino del venidero, al que llegaremos después de la muerte. Promete un rey, símbolo de otro rey que tampoco es de este mundo, Jesucristo. Promete también una felicidad para esta vida, no exenta de sufrimientos, que anuncia la felicidad que sólo alcanzaremos en la vida futura. Dios, por tanto, sostiene la esperanza del hombre, pero haciéndole comprender que sólo Él será capaz de satisfacer los deseos de felicidad que alberga en su interior. Como decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en ti».

La Navidad es el momento del cumplimiento de las promesas de Dios. Cuando decimos que «el Verbo se ha hecho carne», es como si dijéramos que la promesa se ha cumplido. Dios es fiel y ha cumplido definitivamente su alianza porque nos ha enviado a aquel en quien todas las profecías y promesas han tenido su «sí», como afirma san Pablo. Jesús es el «sí» de Dios a los deseos del hombre, es la plenitud de lo que anhelamos. Quien posee a Jesús tiene todo lo que necesita para ser feliz y caminar por esta vida sin perder jamás la esperanza. Es verdad que a veces el camino se hace duro y oscuro. Como dice el salmo: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 22,4). Por eso, Cristo, al venir a nosotros, ha querido asumir nuestra vida tal como es. Ha querido nacer en pobreza, sufrir persecución y padecer la muerte. Nos enseña con esto que la felicidad que trae no nos evita los momentos de prueba y sufrimiento. También ahí está Dios alentando nuestra esperanza y sosteniendo nuestra debilidad. Al hacerse hombre, también el Hijo de Dios ha querido asumir la tensión entre el deseo y su cumplimiento. Él nos ha dicho que ha venido a traer fuego a la tierra y desea que arda (cf. Lc 12,49). Y, antes de la última cena, afirmó: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer» (Lc 22,14). Jesús nos revela sus deseos más íntimos que apuntan al cumplimiento de su misión. Se refiere a la Pascua que traerá el cumplimiento de todas las promesas; y desea que la tierra arda con el fuego del Espíritu que penetrará en lo más íntimo de nosotros mismos asegurándonos que no deseamos realidades inalcanzables, sino presentes ya en Jesucristo, «esperanza nuestra».

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
Acerca de Mons. César Franco Martínez 254 Articles
Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).