Adviento: un nuevo comienzo

Cada año, con la llegada del Adviento, iniciamos un nuevo año litúrgico durante el cual celebraremos de nuevo el misterio de Cristo. A lo largo de todo el ciclo reviviremos los acontecimientos centrales de nuestra salvación, escucharemos cada domingo las palabras del Señor y continuaremos recorriendo el camino de la fe como auténticos discípulos suyos.

Este hecho puede vivirse de maneras muy distintas. Es posible que para algunos no signifique nada especial: es algo que celebramos año tras año, que está determinado por el ritmo del tiempo y que, en el fondo, no deja de ser una repetición de lo que ya se ha vivido anteriormente. Habrá también quienes se encuentren desmotivados por circunstancias personales, no tienen motivos para la alegría y la próxima celebración de la Navidad, con todo lo que socialmente conlleva, no suscita en ellos ninguna ilusión. Ante la realidad que nos envuelve hay quienes pueden sentirse tentados a pensar que el mensaje de esperanza que se nos anuncia no es más que la proyección de una ilusión: nos gustaría que nuestro mundo fuera mejor y no queremos renunciar al deseo de que así sea algún día, aunque la realidad que se nos impone cuando miramos a nuestro alrededor nos puede llevar a pensar que la situación no es tan diferente a la que encontró Jesucristo cuando nació y que pocas cosas pueden cambiar. Incluso a los cristianos que habitualmente vivimos la fe puede ocurrirnos que nos haya invadido la rutina y la mediocridad, nos conformamos con lo que vivimos y no sentimos el deseo de crecer en la vida cristiana.

Y son precisamente estas situaciones las que nos tienen que llevar a pensar que la humanidad, y cada uno de nosotros, estamos necesitados de una palabra de esperanza que nos despierte de la manera de vivir a menudo rutinaria y sin motivaciones profundas para seguir a Cristo y crecer en nuestra vida cristiana; de un mensaje que nos ayude a descubrir que, aunque en muchas ocasiones no se cumplen nuestras pequeñas esperanzas humanas, la venida del Señor nos habla de una Esperanza definitiva que no puede ser ahogada por las desilusiones, los sufrimientos y las dificultades de la vida; de una luz que nos ayude a ver que, por muchas injusticias y sufrimientos que haya y que nos llevan a tener la impresión de que el mensaje del Evangelio no significa nada para los hombres de nuestro tiempo, porque es poco escuchado, en realidad es la palabra más iluminadora para la humanidad y la que más necesita ser escuchada.

El Adviento nos anuncia el “Sí” de Dios a la humanidad. Por este “Sí” de Dios tenemos motivos para desear avanzar hacia Él, para seguir esperando y deseando que cumpla sus promesas y para continuar luchando por un mundo que sea signo de la venida de su Reino. Que este tiempo de gracia sea de verdad un nuevo comienzo lleno de ilusión y de esperanza en nuestro seguimiento de Cristo.

+ Enrique Benavent Vidal,
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.