El amor, clave del ser y de la felicidad del ser humano

No sólo para el cristiano, sino creo que, para todo hombre y mujer, es central el amor. El amor guía nuestros corazones, orienta nuestras mentes y mueve nuestras manos. El amor es lo más profundo que podemos del ser humano. La ciencia y el conocimiento pueden ser de gran importancia, pero como tales no pueden hacer que una persona sea buena y viva feliz. Tan sólo el amor es capaz de hacerlo. ¿De qué serviría conocer lo que es bueno si uno no es capaz de amarlo? El amor renueva al hombre.

El corazón de la fe cristiana es el amor, es amor es la imagen de Dios y del hombre y la mujer y su caminar por este mundo. La fórmula sintética de la existencia cristiana es: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él., porque “Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”» (I. Jn. 4,16; Benedicto XVI, Deus Cáritas est, 1). «El amor es lo único que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo. Puede ser que todos se persignen con la señal de la cruz, puede que todos respondan amén, que todos canten aleluya, que se bauticen, que entren en las iglesias, que construyan los muros de las basílicas, Pero, a la hora de la verdad, el amor es lo que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo. Lo que tienen amor han nacido de Dios, los que no lo tienen no han nacido de él… Hermanos míos, esto es lo que distingue a los hombres. Que nadie se fije en las palabras, sino en los hechos y en el corazón. Si no hace el bien a sus hermanos, está bien claro qué hay dentro de él» (San Agustín: Comentario a la I carta DE San Juan, 5,7-8).

La palabra amor tiene múltiples significados; se habla de amor a la patria, aunque cada vez menos, amor a la profesión o al trabajo, de amor entre amigos, entre padres, entre esposos, entre hermanos y familiares, amor al prójimo, a uno mismo y amor a Dios. Hoy muchos confunden el amor con el sexo y lo reducen a sexo. Los griegos hablan de eros, -amor erótico-, filia -amor de amistad-, y, en los escritos del Nuevo Testamento, ágape -amor de caridad-. (Cfr. Benedicto XVI, DCE.) Pero, ¿qué es el amor? Para san Agustín es una inclinación un movimiento, una tendencia hacia una realidad que se apetece por sí misma, porque la consideramos buena para nosotros, no para un instante, sino para siempre (Diversas cuestiones,35, 1). El amor es como los pies del ser humano, es la ley de la gravedad humana, es nuestro peso; El amor – a Dios y al prójimo-, son las alas del ser humano para elevarse a lo alto, a lo divino. El amor es la fuerza del alma y de la vida. Vivimos a base de nuestro amor, y el amor determina la vida de tal manera que el hombre es lo que ama: «Uno es lo que es su amor. ¿Amas a la tierra? Pues eres tierra. ¿Amas a Dios? ¿Voy a decir acaso que eres también Dios? Yo me atrevería a decirlo, pero escucha lo que dice la Escritura: Yo dije: “sois dioses e hijos del Altísimo todos”» (Salmo. 81,6) (San Agustín, comentarios a la I carta de San Juan, 2, 14). El amor es lo único que distingue a una persona de otra, cada uno es lo que ama. Hay cuatro sujetos a los que amar: Dios, nosotros mismos, el prójimo y las demás criaturas. Entre los sujetos del amor tiene que haber un orden, una jerarquía.

Toda virtud es una forma de amor. La templanza es amor que sabe cómo conocer su propia integridad; la fortaleza es el amor que es capaz de soportar mucho a causa de aquello que se ama; la justicia es el amor que no desea retener para sí las cosas buenas de la vida, sino que sabe compartirlas equitativamente; la prudencia es el amor que sabe discernir lo que puede beneficiar al amor y lo que puede dañarlo. (s. Agustín, de móribus eclesiae, 1, 15, 25). Y así las otras virtudes como la paciencia, el gozo, la fidelidad, la sinceridad, la humildad, la pureza de corazón.

Pero cada persona ha de pensar qué es lo que ama, porque no todo es bueno y nos ayuda a vivir bien. Hay amores, dice el refrán, que matan, y eso quiere decir que hacen daño. San Agustín dice: Ama y haz lo que quieras, es verdad, pero muchas veces esto se entiende mal, porque no se lee entero no todo. Él dice «Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; que en el fondo de tu corazón esté la raíz del amor, pues de esta raíz lo único que puede salir con cosas buenas». (Comentario a la I carta de San Juan, 7, 8).

El amor no sólo caracteriza a las personas, sino toda la historia de la humanidad. Esta historia está escrita básicamente por el amor. El amor es el centro de todo. Dos clases de amor opuestas: el amor centrado en Dios y vuelto hacia el prójimo, y el amor centrado en sí mismo, que busca el interés privado y que trata de olvidarse de Dios y del prójimo. Este es el tema de una obra magna de san Agustín: la Ciudad de Dios.

+  Manuel Herrero Fernández, OSA.

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.