Velad: atención a la mentira

Una mirada en profundidad a la forma de vivir que hoy se impone sutilmente descubre que existimos como “instalados en el falseamiento”. Esto es compatible con la exigencia de sinceridad y transparencia que todos defendemos. Porque desgraciadamente aquel vivir instalados en el falseamiento es inconsciente; actúa como un espejismo o como una droga que hace experimentar mundos placenteros, pero falsos. Por eso decimos que estamos dormidos y practicamos sistemáticamente la banalización de los problemas reales.

No es una novedad. Desde el origen de la humanidad ha actuado el padre de la mentira, con gran eficacia, degradando la persona humana, esclavizándola. La gravedad de la idolatría, que era el gran pecado denunciado por los profetas, consiste esencialmente en ser la gran mentira. Y la grave diatriba que dirige Jesús contra el fariseísmo viene a ser una invectiva contra el falseamiento interesado.

Caminar con los ojos abiertos, en vigilia, exige estar atentos a muchas cosas que nos seducen y adormecen, como el dinero o la realidad virtual. Jesús, al predicar sobre el fin del mundo nos advierte como gran pedagogo: abre los ojos, discierne las crisis.

En la pedagogía de Dios las crisis que sufrimos pueden ser verdaderos momentos de gracia. Por el contrario, pasamos de una a otra crisis, personales, familiares, profesionales, políticas, sociales, y no parece que nos sirvan para crecer. Caemos en ellas una y otra vez.

Hace bastantes años, puesto a profundizar en el tema del “acompañamiento personal”, que hoy por suerte se ha recuperado, descubrimos una recomendación absolutamente valiosa. La pregunta más oportuna que ha de hacer el buen acompañante es: “esta crisis que me cuentas, al margen de sus posibles “soluciones”, ¿en qué te ha afectado?, ¿qué ha revelado de ti mismo, del otro, de los otros, del mundo?…” ¡Las crisis nos descubren realidad, son ocasión de la verdad!

Un biblista que organizaba peregrinaciones a Tierra Santa repetía, y llevaba a la práctica, que el desierto se ha de experimentar para entender qué significa el agua en la Biblia. Podemos añadir que “también para descubrir la verdad de la vida, como auténtica sed de plenitud”. Sin duda la madurez de una vocación, de un matrimonio, por ejemplo, se mide por las crisis compartidas y superadas mediante la renovación del amor. Lo mismo hemos de decir en referencia a la madurez de la fe: ha de pasar sus desiertos.

Esto es una norma de vida, aplicable a todos los campos en los que desenvolvemos nuestra existencia. Así, atravesamos crisis políticas y económicas y aplicamos remedios que en realidad vuelven a ponernos en los mismos peligros, no avanzamos porque no cambiamos las mentalidades, lo profundo de los criterios de vida, origen de nuestras decisiones políticas y económicas.

Jesús nos enseña que el fin del mundo es la crisis de todo, hasta del cosmos. Las crisis históricas, como los conflictos humanos, la enfermedad, la pobreza, la violencia y toda clase de injusticia, nos habrán despojado de todo. Estaremos desnudos y solos ante el Hijo del Hombre. Entonces, dice Jesús: “tened ánimo, levantad la cabeza, se acerca vuestra libertad” (Lc 21,28).

 

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.