Una vida dedicada al amor cristiano

Con gran alegría, el pasado mes de julio de 2019, la Congregación para las Causas de los Santos promulgó el decreto relativo a las virtudes heroicas del Siervo de Dios Mons. Ángel Riesco Carbajo, Obispo Auxiliar de Tudela y fundador del Instituto Secular de las Misioneras Apostólicas de la Caridad. Siendo un niño emigró a Argentina. Fue en este país en donde leyó la frase colocada en la fachada de su colegio, y que supo hacer realidad a lo largo de su vida: “Lo que más vale en este mundo es ser bueno”. La bondad no es un atributo de la pura voluntad sino del corazón enamorado de Dios y que hace posible que la voluntad se asocie a cumplir en todo momento el designio que el Amor de Dios propone. Dicho de otra manera: Cumplir en toda obra y en todos los actos la voluntad de Dios.

Su carisma se fundamentó en las palabras de San Pablo: “Caritas Christi urget nos” (“El amor de Cristo nos apremia”), amor que se concretaba en el deseo y el esfuerzo porque todos los hombres encontraran el camino del amor que salva, conociendo la Verdad en Jesucristo y el Amor de Dios Padre. Un sacerdote decía de él: “La serenidad, la paz y el semblante apacible que invadía toda su persona y se irradiaba a través de su rostro, reflejaban su talla gigante de un hombre insigne en todos los aspectos, aunque su humildad tratara de ocultarlo, de un apóstol, de un hombre de Dios, un obispo santo. Esa era la fama que le rodeó siempre, y no porque en él hubiera el más mínimo atisbo de ostentación. Nada afectado se traslucía en él. Le brotaba tan natural como el respirar. Me consta fue muy incomprendido y hasta orillado en sus años de episcopado, pero jamás perdió el temple ni salió de él estridencia alguna. Su mismo silencio en la contradicción y su paz se sumaron a los rasgos de un hombre que eligió los caminos del Espíritu y jamás cambió de dirección. Si murió en olor de multitudes sigue viviendo de nuevo en olor de santidad. Espejo y modelo a imitar por los seminaristas, sacerdotes y obispos de nuestra hora, del año 2000”.

Así nació en 1957 el Instituto Secular de las Misioneras Apostólicas de la Caridad “para dar pan, amor y cultura a quienes no lo tenían”. Precisamente este carisma especial basado en San Pablo le dio al Instituto una peculiaridad única en aquellos años: hacer posible la vida consagrada en el mundo también a personas enfermas, pobres de cultura y de medios económicos y quienes por causas similares no tenían cabida en ninguna institución de vida consagrada. Decía el Fundador: “Con tal de que quieran ser santas”. Iluminó un nuevo camino que enriqueció a la Iglesia al abrir el cauce de la consagración secular a personas que, en aquella época, no tenían acceso a ninguna forma de vida consagrada. Fue elegido por el Señor para un carisma netamente evangélico: también las personas enfermas, quienes procedían de ambientes de pobreza cultural y económica podían colaborar con Cristo en la Redención del mundo. Fue una persona piadosa, de grandes virtudes. Era de admirar su celo apostólico especialmente en la catequesis, en los pobres y enfermos, en los movimientos apostólicos eucarísticos y marianos y en la promoción de la vida espiritual y de consagración a Dios.

Fue nombrado Obispo Auxiliar de Oviedo y, posteriormente, trasladado a Tudela, una pequeña diócesis dependiente del Arzobispado de Pamplona, en donde permaneció diez años. Falleció en 1972 en La Bañeza, dedicando los últimos años de su vida a sus preferidos: los enfermos y los pobres a quienes consideró su prioridad. En su lápida, una frase que resume cómo vivió: “Pasó haciendo el bien”. La experiencia de un sacerdote tudelano expresa profundamente quién fue Mons. Ángel: “Cuando yo me enteré de que se preparaba el proceso de Don Ángel Riesco, me llevé una alegría tremenda, tremenda. Porque eso pienso que es justo. Aquí en Tudela demostró, en lo que pudo, que era un hombre de Dios, y yo creo que esto tiene que salir adelante. Dios tiene que empeñarse en que este hombre sea conocido, porque el que se humilla será ensalzado; esto es algo que siempre se cumple. Don Ángel Riesco se humilló y fue humillado hasta el extremo, por lo tanto tiene que ser ensalzado, lo tiene que poner Dios en el sitio que corresponde a un hombre de Dios ejemplar, cumplidor de su deber. Un hombre clarividente, abundante en ideas, trabajador, que hubiera hecho…, no sabemos. Dios lo quiso así, porque Dios se porta así con los santos”.

Felicito, desde estas líneas, al Instituto de las Misioneras Apostólicas de la Caridad y doy gracias a Dios por la vida ejemplar de Mons. Ángel Riesco. Os invito a hacer realidad lo que centró la vocación de este nuevo Siervo de Dios: “Que el Amor de Cristo reine en el mundo”. Creo que vuestra experiencia y testimonio es el mejor regalo que podéis ofrecer a Dios en agradecimiento a un hijo de la Iglesia que supo vivir y dar su vida con el gozo que produjo en su alma el evangelio del Amor y de la Misericordia.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).