El Sínodo Amazónico, la escucha del grito de los pueblos

La Orden de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, más conocidas como las Hermanas Lauritas, nació hace 105 años en la selva de la mano de Laura Montoya. La Hermana Montoya fue canonizada en 2013 por el papa Francisco, convirtiéndose en la primera Santa colombiana.

Estas hermanas siempre han trabajado en lugares remotos de América Latina y en dos países de África, acompañando a los pueblos indígenas llevando a cabo su misión adecuándose siempre al contexto cultural.

Hoy hemos tenido la oportunidad de escuchar en primera persona en la oficina de servicios centrales de Manos Unidas, las impresiones y experiencias vividas durante el Sínodo de la hermana Inés Zambrano y la hermana Alba Teresa Cediel, ambas designadas auditoras del Sínodo por el papa Francisco.

Durante el encuentro han señalado que desde que el papa Francisco puso el pie en Puerto Maldonado hace dos años, grupos tanto de Iglesia como laicos, han trabajado, rezado y meditado mucho sobre qué tipo de Iglesia queremos para la Amazonía.

El Sínodo ha reunido en Roma a 185 padres sinodales y 35 madres sinodales que, tras 21 días de intenso trabajo, han producido un documento final que incluye 120 propuestas aprobadas por votación. Entre ellas, se han destacado 6 en concreto por mostrar cambios que han de ser impulsados en la región y que podrían inspirar a otros cambios globales en la Iglesia en un futuro próximo.

Estos 6 puntos son: la ordenación de hombres casados en zonas remotas (figura de viri probati), creación de ministerios eclesiales para la mujer, mayor participación de laicos, definición del pecado ecológico, ecología integral como único camino posible para salvar la región y con ello, el planeta y el rechazo a toda evangelización irrespetuosa o colonialista.

Las hermanas han destacado que “para nosotras fue una gracia de Dios que se nos invitara al Sínodo y al mismo tiempo un desafío porque llegamos al Sínodo con un cúmulo de experiencias congregacionales, y por ello mismo se nos dio la oportunidad de participar”. A lo largo de la charla, han descrito cómo el ambiente fue muy cercano y donde todos los asistentes tuvieron las mismas oportunidades de expresarse y de participar de forma activa, sin excepción. “El Sínodo no es una Asamblea, ni un congreso. Es un espacio eclesial de escucha a Dios, de los gritos de los pueblos, de la Madre Tierra y entre nosotros”, ha declarado la Hermana Inés.

Durante los 21 días que transcurrió el Sínodo se denunció el extractivismo en la Amazonía, la deforestación, la contaminación de las aguas, la trata de personas, la violencia contra la mujer o el derecho al territorio, y entre todos se aseguraron que todos esos problemas se sintieran y se oyeran en Roma y trascendieran al resto del mundo.

Junto con la problemática que vive el pueblo indígena, se compartieron lecciones para el cuidado de la Casa Común. Asimismo, se ha destacado el papel de la mujer durante este Sínodo y se les reconoció como guardianas de la vida y defensoras en todos los sentidos de los territorios, la vida, la cultura y la espiritualidad asumiendo una acción dinámica que camina según el tiempo y la historia.

Como colofón, nos han recordado que este Sínodo ha sido un kairós eclesial, que va a ir dando pasos y que debe servirnos como punto de partida para reflexionar no sólo sobre el futuro de esta región, sino también del planeta y de la humanidad.

En el año 2015, Manos Unidas viajó con las Hermanas Lauritas a la Amazonía profunda del Ecuador para estudiar el apoyo a un proyecto de cooperación en el Vicariato de Aguarico.  Ese proyecto fue aprobado en 2016, y con él, desde entonces, se ha formado a 275 indígenas del pueblo Napo Runa, jóvenes y adultos, en derechos colectivos y seguridad alimentaria.

(Manos Unidas)

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