El papel de los laicos en la Iglesia

Con la mirada puesta en el Congreso Nacional de Laicos promovido por la Conferencia Episcopal Española, que se celebrará en Madrid en febrero del próximo año, la Asamblea Diocesana de Laicos de la Iglesia en Asturias se reunió el pasado sábado 9 de noviembre en el Seminario Metropolitano para exponer la síntesis de los trabajos que parroquias, Unidades Pastorales, movimientos, asociaciones y comunidades han realizado durante estos meses y que será la aportación de la diócesis al congreso.

La mañana comenzó con un momento de oración en la capilla, que se llenó por completo, no solo de laicos sino también con la presencia de sacerdotes y religiosos, donde el Arzobispo de Oviedo resaltó el importante papel que los laicos tienen en la Iglesia “no sois mano de obra barata, tenéis tanto que decir y que escuchar, lo hacemos exactamente igual los religiosos y sacerdotes porque todos somos necesarios sin clericalizar el laicado y sin secularizar la vida religiosa, sino que, cada uno con el don que ha recibido, debe ponerse al servicio de los demás”.

Tras la oración inicial se dio paso a la tarea de explicar la síntesis de todas las ideas y reflexiones que presentaron los diferentes grupos, en lo que han participado fieles desde los dieciséis años, a partir del material propuesto por la Conferencia Episcopal que constaba de tres bloques con nueve preguntas basadas en el sistema de ver, juzgar y actuar. La recopilación y redacción de las conclusiones corrió a cargo de una comisión creada para este fin en la Delegación de Apostolado Seglar.

Las primeras cuestiones se centraron en los aspectos positivos y en las dificultades que plantea el camino hacia una Iglesia misionera. En ese sentido, se ha resaltado, entre otros, la mayor conciencia que los laicos tienen de la importancia de su protagonismo activo, su testimonio y su responsabilidad en la Iglesia. Pero al mismo tiempo se ha señalado la pasividad, falta de disponibilidad o la no participación en la misa. Aspectos positivos y negativos que presentan dualidades como el clericalismo o la comodidad de que todo recaiga en el sacerdote; o que las labores que comienzan como un servicio dentro de la Iglesia se acaben convirtiendo en un derecho que dificulte la entrada de otras personas que también quieren colaborar.

Otros de los temas a debatir fueron los signos positivos y negativos que el mundo de hoy plantea a la llamada y los obstáculos a la vivencia de la vocación del laico. Así se resaltó la entrega de los sacerdotes y se puso sobre la mesa la buena y mala imagen que de la Iglesia se tiene, señalando también que no siempre se acierta a presentar el Evangelio de una manera que dé respuesta. Se puso de manifiesto además la vivencia de una fe en ocasiones débil ante la fuerza del ambiente o que hace sentirla solo como una serie de normas y prácticas sin vocación misionera.

Desde esa visión general de la situación del laicado se propusieron procesos para cumplir la misión e impulsar la corresponsabilidad de los laicos. En este apartado se comenzó por destacar co-mo clave la conversión personal y comunitaria a Cristo para desde ahí poder contar con un laicado adulto en la fe. Que su presencia sea activa en los ámbitos donde se desarrolle su día a día dando testimonio, que se supere la idea de “parroquia geográfica” hacia una realidad más amplia con el fortalecimiento de estas comunidades para sentir la parroquia, que “somos todos”, “como nuestra casa”. Sinodalidad y corresponsabilidad, sin esconderse en el “no sirvo, no valgo”,  fueron dos de los conceptos que definieron el papel que deben tener, solicitando también que se confíe en ellos y que tengan un mayor peso en las decisiones. Además de lo fundamental del acompañamiento espiritual.

Por otro lado, formación fue quizás unas de las palabras más mencionadas durante toda la exposición de la síntesis ya que se ve como un recurso indispensable para fortalecer la fe y tener más medios para realizar la misión. Sin olvidar tampoco la autocrítica, presente en todo el trabajo, siendo conscientes de que en muchas ocasiones no es demasiada la gente que acude a todas las posibilidades de formación que se proponen.

Interioridad, formación y compromiso

Tras un momento para el debate en el que se destacó por parte de los intervinientes que se habían visto reflejados en la síntesis elaborada por la comisión del Apostolado Seglar, se pudo escuchar el testimonio de dos laicos comprometidos desde diferentes ámbitos. José Manuel García de la parroquia de San Martín de la Carrera, El Berrón, director de Cáritas parroquial y miembros del Consejo Pastoral; contó su experiencia partiendo desde el acompañamiento que tuvo de un sacerdote de su parroquia que insistía “en la interioridad, formación y compromiso” y que fue esencial para que continuase en la Iglesia donde es “la mar de feliz”. Con su espontaneidad y sensibilidad José Manuel se ganó a todos los presentes resaltando que los laicos deben participar en la Iglesia con vocación de permanencia, recordándoles que “somos obreros de Cristo, y debemos serlo sin afán de protagonismo”.

David Roces, responsable de la sección de juventud de Acción Católica en Asturias, relató cómo ser un laico asociado le había llevado a descubrir otra forma de participación y la necesidad de estar en el mundo “más allá de los lugares cómodos”, explicando como la falta de tiempo o de disponibilidad que habían salido como aspectos negativos en la síntesis en su caso se venció de una manera muy clara: “Te planteas mil excusas y cuando te pones delante del Señor, Él te las desmonta una a una”.

Documento de la síntesis completa que será llevada al Congreso Nacional de Laicos

(Iglesia en Asturias)

Agencia SIC
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