Pablo VI, la Justicia y la Paz

«Si quieres la paz trabaja por la justicia» es el título de la Jornada por la Paz de 1972, apenas un año después de la publicación de la carta dirigida al cardenal Mauricio Roy Octogessima adveniens.

Es preciso ver la aportación de Pablo VI sobre la justicia en relación con la enseñanza del Concilio Vaticano II. Éste representó para la Iglesia una profunda actualización de su visión del mundo y su relación con él. En particular, llevó a cabo una lectura actualizada de los cambios operados en la primera mitad del siglo XX, caracterizado por el salvajismo y la irracionalidad de las dos grandes guerras mundiales, el costo humano de la encarnación histórica de las ideologías totalitarias y el crecimiento exponencial de las aplicaciones tecnológicas en todas las dimensiones de la vida social.

El papa Pablo VI tuvo la misión de poner a la Iglesia en sintonía con los signos de los tiempos percibidos con tanta clarividencia por el Concilio. En el tesoro del magisterio del papa Montini se pueden encontrar pensamientos que no pierden actualidad. Entre ellos, unas breves reflexiones sobre la relación entre la Caridad y la Justicia, y ésta con la Paz.

En la relación Justicia y Caridad, en la audiencia del 29 de enero de 1978, Pablo VI se refirió a la perenne actualidad de la caridad, incluso en este mundo tecnificado y en una sociedad que es más sensible ante la aplicación de la Justicia que al ejercicio de la Caridad. La Caridad siempre es necesaria. Primero, como estímulo, después, como complemento de la Justicia, porque ésta no encontrará el impulso para ser aplicada si el resorte secreto de la Caridad no la pone en marcha y la sostiene y la preserva del peligro del cálculo puramente burocrático e impersonal.

A comienzos de los años 60, se refiere a la Justicia como una justa distribución de los bienes que conduce a la Paz verdadera: en un clima turbulento de contestación fuertemente ideológica, Pablo VI retoma la enseñanza social de León XIII y la actualiza, con ocasión del octogésimo aniversario de la Rerum novarum, en la Carta apostólica Octogesima adveniens. El Papa reflexiona sobre la sociedad post-industrial con todos sus complejos problemas, poniendo de relieve la  insuficiencia de las ideologías para responder a estos desafíos: la urbanización,  la condición juvenil, la situación de la mujer, la desocupación, las  discriminaciones, la emigración, el incremento demográfico, el influjo de los  medios de comunicación social, el medio ambiente.

El papa Montini insiste en que es necesario establecer una mayor Justicia en el intercambio de bienes, tanto dentro de las comunidades nacionales como a nivel internacional. En los intercambios internacionales, es necesario ir más allá de las relaciones basadas en la fuerza, para llegar a acuerdos alcanzados con el bien de todos. Porque, las relaciones basadas en la fuerza nunca han establecido la Justicia de una manera verdadera y duradera.

Pero, en su pensamiento sobre el Desarrollo Integral proclama que el deber más importante en el ámbito de la Justicia es permitir que cada país promueva su propio desarrollo, en el marco de una cooperación libre de cualquier espíritu de dominación, ya sea económica o política. La complejidad de los problemas planteados es ciertamente grande, en el presente entrelazamiento de dependencias mutuas. Por lo tanto, es necesario tener el coraje de emprender una revisión de las relaciones entre las naciones, ya se trate de la división internacional de la producción, la estructura de los intercambios, el control de las ganancias, el sistema monetario, sin olvidar las acciones de los humanos.

Según Pablo VI, una Paz que no sea resultado del verdadero respeto del hombre, no es verdadera Paz. Y ¿cómo llamamos a este sentido verdadero del hombre? Lo llamamos Justicia. Y se pregunta, la Justicia, ¿no es ella misma una diosa inmóvil? Sí, lo es en sus expresiones, que llamamos derechos y deberes y que codificamos en nuestros nobles códigos, es decir, en las leyes y en los pactos, que producen esa estabilidad de relaciones sociales, culturales, económicas, que no es lícito quebrantar: es el orden, es la Paz.

El papa Montini sigue preguntándose: Y donde otras formas indiscutibles de Justicia —nacional, social, cultural; económica…— fueran ofendidas u oprimidas ¿podremos estar seguros de que sea verdadera Paz la que resulta de semejante proceso despótico? ¿Podemos estar seguros de que será estable, y si es estable, de que sea justa y humana?

¿No forma parte de la Justicia el deber de poner a todos los países en condiciones de promover su propio desarrollo dentro del marco de una cooperación inmune de cualquier intención o cálculo de dominio, tanto económico como político? Pablo VI responde: «El problema resulta extremamente grave y complejo; y no toca a Nos exacerbarlo ni resolverlo prácticamente. No es competencia de quien habla desde esta sede».

Recordando a Isaías, San Pablo VI nos invita a celebrar la Paz como una invitación a practicar la Justicia. Opus justitiae pax (cf. Is. 32, 17). «si quieres la Paz, trabaja por la Justicia». Sin ignorar las dificultades que existen para este logro, confía en que los ideales conjuntos de la Justicia y de la Paz llegarán por su propia virtud a engendrar en el hombre moderno las energías morales suficientes para recorrer los caminos de la paz con valiente y profética esperanza.

Ángel Galindo García
Ex Rector de la Universidad Pontificia de Salamanca
Vicario general de la diócesis de Segovia

(Fundación Pablo VI)

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