Carta a la Diócesis con motivo del Día de la Iglesia Diocesana

Sin ti no hay presente.

CONTIGO hay futuro.

Carta a la diócesis

Queridos hermanos:

Recordamos en esta Jornada de la Iglesia Diocesana que somos una gran familia. Ser cristianos no es simplemente conservar algunas tradiciones culturales o ser de una opinión particular en temas morales. Antes que todo ello es pertenecer a una «gran familia», abierta al mundo y no cerrada a nadie, porque la vida que recibimos no tiene límites ni fronteras, nace del amor creador del Padre y de la entrega del Señor por cada uno de nosotros.

Como dijo Jesús: quien hace la voluntad de mi Padre es mi madre, mi hermano y mi hermana. Acoger a Jesucristo en la fe nos hace hermanos, por encima de toda diferencia o distinción. Somos una familia, en la que somos amados, aprendemos a ser persona y a caminar hacia la perfección en el amor, recibimos inteligencia para estar en el mundo.

Pero ser familia es algo concreto. Significa personas conocidas, relaciones fundamentales, tiempos y lugares. Sin esta «familia diocesana», sin ser comunidad real y palpable, la fe no sobrevive realmente. Esto significa también que, sin la persona de cada uno, sin su presencia y participación, sin compartir juntos la fe y las necesidades de cada día, esta «familia» no se hace real entre nosotros.

Estar, permanecer, acudir, ayudar en nuestra parroquia y comunidad, es decisivo; molestarse, si fuese necesario, para ir a la misa dominical, resulta imprescindible. Cambiará nuestro ser comunidad o parroquia, cambiará nuestra vida. La opción por el aislamiento o la soledad, no moverse para estar y celebrar con los hermanos, tendrá justificaciones circunstanciales o momentáneas, pero a la larga es un error, es abandonar la casa del Señor. El presente de esta nuestra «Iglesia diocesana» depende, pues, de cada uno; sin nosotros, la fe en el Evangelio no tiene carne real: sin ti no hay presente.

Por el contrario, contigo hay futuro. Unidos, como miembros de la «familia de Dios», donde Él es el Padre y todos somos hermanos, que nos sentamos a la mesa eucarística que Jesús el Señor nos prepara, descubriremos mil posibilidades de camino, de compañía y sostén mutuo en las fiestas y en la vida cotidiana, en el sufrimiento y en los duelos; pero también posibilidades de iniciativas nuevas, de protagonismo en nuestra Iglesia, de presencia y de intervención eficaz, inteligente y caritativa, en el mundo.

Aunque nos veamos pequeños, a nosotros mismos o a nuestra comunidad, a nuestra «familia eclesial», no tengamos miedo. Todas las riquezas de vida y de verdad vienen de Dios; y Él hace cosas grandes con los humildes, también con nosotros: contigo, con Él, hay futuro, fecundidad y alegría.

Cuidemos, pues, este ser «familia» de nuestra Iglesia diocesana en Lugo, aportando ante todo esa gran riqueza –aunque esté escondida– que es nuestra persona, nuestro corazón y nuestras manos. Y estemos siempre seguros de que el Padre, que es bueno, sabrá colmar de bienes a sus hijos que le piden pan, y sin tardar.

Que santa María, la Virgen de los Ojos Grandes, nos haga sentir a todos siempre su amor maternal y sus cuidados; que guarde en nosotros y haga crecer el afecto verdadero por nuestra «familia eclesial», por nuestra parroquia y nuestra Iglesia en Lugo.

† Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
Acerca de Mons. Alfonso Carrasco Rouco 26 Artículos
Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.