Carta a los jóvenes de confirmación

Queridos jóvenes:

Os deseo gracia y paz.

En medio de las actividades de cada semana, habéis encontrado un tiempo para la catequesis de Confirmación. Es una buena oportunidad para conocer más y mejor a Jesucristo, para experimentar por dentro lo que significa ser Iglesia, para profundizar en el sentido de los sacramentos y del compromiso cristiano, para entender que la vida tiene valor y sentido.

En la catequesis fortalecéis los lazos de amistad con vuestros compañeros, planteáis preguntas, esas preguntas que os hacéis con frecuencia. También escucháis con mayor atención y profundidad, e incluso con mayor amplitud, la Palabra de Dios, sobre todo los evangelios, y os dais cuenta de cómo actúa Jesús, de cuáles son sus palabras más importantes, de cómo dedica tiempo prolongado para orar en lugares solitarios.  Los encuentros de Jesús con las personas son muy significativos.

Quien se acerca a Jesús queda cambiado, sanado, mejorado en su vida y en su capacidad de crecer. Quien se encuentra con Jesús descubre en Él una mirada diferente. La mirada de Jesús no es excluyente. Jesús mira con benevolencia, acoge con amor, escucha con atención, no desoye los gritos de los necesitados, no desatiende las súplicas de los desfavorecidos, no pasa deprisa ni se queda lejos. Se acerca, se compadece, toca, sana, devuelve la dignidad, la vista, la salud, el movimiento y la vida.

Vuestras inquietudes se centran en cuestiones urgentes e inmediatas: los exámenes, los trabajos escolares, las competiciones deportivas. Pero también dedicáis una parte importante de vuestro tiempo a escuchar música, a ver series televisivas o películas de cine, a divertiros en grupo, a realizar excusiones. Todo ello va consolidando vuestra personalidad.

De vez en cuando visitáis a vuestros abuelos. No está bien que mientras estáis con los mayores mantengáis una atención desproporcionada a los teléfonos móviles. Es bueno escuchar a los mayores, aprender de ellos, reconocer su experiencia, porque ellos son testigos de una historia que no hay que olvidar. Los mayores son como las raíces de los árboles. Y sin raíces no hay vida ni frutos.

El diálogo con vuestros padres probablemente no atraviesa el mejor momento. Sobre todo si ellos acentúan más vuestras equivocaciones que vuestros logros. Vivimos en una sociedad en la que se aprecian más los resultados que el proceso y el esfuerzo.  Sabéis que, en ocasiones, os esforzáis y no alcanzáis los objetivos. ¡No os desaniméis! Es preciso seguir caminando y superando las dificultades. El Espíritu Santo viene en vuestra ayuda, para que sepáis hablar con libertad con vuestros padres y escucharles con sencillez y atención.

Hay ocasiones en las que pensáis que podéis hacer poco, que no tenéis recursos, ni capacidades, ni opciones, ni posibilidades. Jesús os dice: “yo estoy contigo”. Jesús os invita a escuchar su palabra, os alimenta en la Eucaristía, comparte su vida con vosotros. Y a su lado todo se transforma. El Espíritu Santo es el agente principal de esta transformación. El Espíritu Santo es como el viento: no lo vemos, pero sentimos sus efectos. En la catequesis iréis conociéndole poco a poco y os sentiréis habitados por su presencia y fortalecidos por su impulso.

El Espíritu Santo es quien inscribe en vuestros corazones las palabras del Papa Francisco sobre Jesucristo: “Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza” (Christus vivit, 2).

Recibid un cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.