San Narciso y las moscas

Al acabar el pregón de las Ferias, cuando se encienden los fuegos artificiales, sobre la plaza cae una lluvia de moscas de papel para recordar que celebramos san Narciso. Uno de los símbolos populares de san Narciso son precisamente las moscas. Justamente, este año el cartel de Ferias deja constancia de ello.

Durante la vela del santo con los jóvenes, algún año, he reflexionado sobre este hecho –que parece legendario– de las moscas que salían del sepulcro de nuestro santo patrón para echar a los soldados franceses que habían invadido la ciudad.

Una leyenda acostumbra a ser una narración de algún suceso o situación que a partir de la transmisión oral del pueblo se va convirtiendo en un relato que magnifica su esencia. La leyenda no significa un relato totalmente inventado, sino que a partir de algún acontecimiento extraordinario o fuera de la normalidad se construye una historia. En la historia de san Narciso y las moscas, pienso que se quiere magnificar el hecho de haberse librado del ejército extranjero que había invadido la ciudad y, a la vez, la resistencia de los gerundenses para vencer a quienes querían dominarlos.

Pero hoy quizás debemos preguntarnos qué sentido puede tener este leyenda en relación con nuestro patrón, san Narciso, y con las moscas liberadoras.

Ofrezco mi interpretación y actualización sobre este aspecto.

¿Qué moscas tienen que surgir hoy del sepulcro de san Narciso para afrontar los retos que vivimos como cristianos y ciudadanos para acoger, vivir, celebrar y dar testimonio de la Buena Noticia del amor y la libertad que nos propone Jesucristo?

¿Qué moscas hay que puedan liberarnos y liberar de verdad?

         La mosca que ahuyenta todo aquello que nos deshumaniza, nos esclaviza y pone en peligro nuestra dignidad y la de toda persona.

         La mosca para liberarnos de toda ignorancia –también de lo que ignoramos sobre el cristianismo– y de todo aquello que nos aleja de Jesús.

         La mosca que aniquila la indiferencia para plantearse las grandes preguntas de la vida.

         También la mosca que vence las incoherencias que podemos experimentar como cristianos: no rogar, no celebrar la fe, no formarse, no servir, no dar testigo.

         La mosca que libera de la idea que ser cristiano te deshumaniza y no te hace feliz.

         La mosca de la verdad, que nos libere de buscar erróneamente la felicidad en las cosas en vez de amar a las personas.

         La mosca que nos libere de pensar solo en los bienes materiales como única finalidad en la vida, olvidando los bienes del espíritu.

         La mosca que evitar que nos convirtamos en ciudadanos poco responsables de nuestros deberes.

         La mosca que nos libra de despreciar a los demás y, especialmente, a quienes piensan de modo diferente.

         La mosca que aparta de nosotros la tentación del individualismo, que siempre agranda el «yo» y no tiene en cuenta al prójimo.

         La mosca que nos libera de caer en la carencia de autoestima si no somos como los modelos femeninos o masculinos que los medios ofrecen.

         La mosca que destruye nuestros prejuicios contra quienes son diferentes, los inmigrantes, los forasteros.

         La mosca que mata el egoísmo, los celos y, sobre todo, los derechos humanos.

         Y tantas moscas como hagan falta para liberarnos de toda esclavitud.

¡Con el deseo de unas buenas Ferias vividas en fraternidad, alegría y civismo!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.