DOMUND

Si la celebración de la Jorna­da Mundial de las Misio­nes —Domund— siempre tiene perfecto sentido; este año, que lo hacemos en el marco del «Octubre Misionero» que el papa Francisco ha querido que se celebre en toda la Iglesia con motivo del centenario de la publicación de la carta apostólica del papa Benedicto XV Maximum illud, el sentido se mul­tiplica por muchos enteros.

La Iglesia es siempre misionera porque su labor va dirigida a suscitar la fe de cuantos no conocen a Cristo ni su mensaje, y la Iglesia lo que hace es precisamente llevarles a Cristo y su mensaje de salvación, para que conociéndolo, conviertan su vida al Evangelio y el Señor pueda darles la salvación.

Hoy el concepto misionero de la evangelización se amplia y se iden­tifica con salir a buscar, no solo a aquellos que no conocen a Cristo, para ofrecerles el atractivo de su per­sona y su mensaje, por medio del «primer anuncio», desde el que sus­citar la fe en ellos; sino que se amplía también a la acción evangelizadora con tantos creyentes que lo fueron. Personas que en un tiempo fueron creyentes y hoy no creen; se trata de reavivar la fe en quienes en un tiem­po creyeron pero, por determinadas circunstancias, hoy no creen. Se trata, igualmente, de fortalecer y ayudar a dar viveza y frescor a la fe de tantos otros que han dejado languidecer la misma, que tratan de creer pero que­riendo hacer de la fe un mínimo im­prescindible, o acomodando la vida de fe a su vida cómoda, que no mo­lesta a nadie, para poder ayudarles a recuperar la frescura y autenticidad de su identidad creyente.

En esta tarea de la evangelización misionera entran de lleno los misio­neros, personas que un día sintieron la llamada del Señor a ir por el mun­do entero y extender el evangelio y que, dejando todo lo suyo, se em­barcaron en el barco de la evangeli­zación y siguen entregando su vida dedicándola por entero a llevar el mensaje salvador de Cristo y presen­tar el atractivo de su persona a quie­nes no le conocen.

Pero no solo están en este barco los misioneros que dejaron padres, patria, amigos y se fueron lejos de sus raíces para llevar a Cristo y su mensaje salvador; estamos todos los bautizados que tratamos de vivir con autenticidad y exigencia nuestra fe, porque todo bautizado, dice el papa Francisco, por el hecho de haber reci­bido el bautismo, es agente de evan­gelización.

En este término de «agentes» y «agentes de evangelización» estamos todos los que componemos la Iglesia: religiosos, sacerdotes y laicos. Cada uno según su propia vocación es co­rresponsable de la evangelización del mundo que el Señor confió a la Igle­sia entera, cuando en la persona de los apóstoles nos confió la misión de ir por el mundo entero y predicar el evangelio para que el mundo crea. Es aquello que decía san Juan Pablo II: «La Iglesia tiene como misión llevar el mensaje salvador al corazón del mundo».

Como todos los bautizados formamos la Iglesia, todos debemos sentir nuestra res­ponsabilidad a la hora de que la evangelización sea una realidad en el mundo que nos ha tocado vivir y todos y cada uno debemos pregun­tarnos muchas veces cómo estamos cumpliendo con la misión que el Se­ñor nos ha confiado, en qué medida nuestra vida cristiana está contri­buyendo a que Cristo y su mensaje salvador lleguen a todos los hombres de nuestro mundo actual.

La celebración de la jornada del Domund debe ser para nosotros un motivo de acción de gracias por los misioneros, por tantos y tantos como han entregado su vida en favor de la evangelización de los pueblos de misión, pero al mismo tiempo hemos de pedirle al Señor que nos ayude a nosotros, cada uno donde esté, cada cual desde la vocación que desarrolle en su vida, a ser auténticos evangeli­zadores, a quienes preocupe mucho la situación actual de tantos bautiza­dos que no ejercen ni valoran su fe. Que todos pongamos lo que esté de nuestra parte para que los más cer­canos a nosotros sientan la fuerza de nuestro testimonio convencido y se animen a plantear su vida desde cris­to y su mensaje.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.