Somos bautizados y, por eso, enviados en misión

En la Jornada del DOMUND 2019, el Papa ha enviado un mensaje, que te interesa a ti y me interesa a mí. “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión por el mundo”, reza el mensaje del Papa. Dirán algunos. ¡Hala curas y monjas a las misiones!; sabemos también que algunos jóvenes en verano –como tienen poco que hacer– se dedican a visitar esas tierras, y además se lo pasan bien, porque tienen tiempo y fuerza”.

Pues no, hermanos. Estamos equivocados y esa equivocación es trágica, porque esas palabras nos indican que la misión no forma parte de la vivencia y formación de todos los cristianos. Seguimos teniendo una visión romántica de las misiones, y, en el fondo, no nos preocupan, como cuando las cosas nos rebasan. Y lo que nos pide el Papa es volver a encontrar “el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo”. Todos, no unos pocos cristianos; y no todos de la misma manera, sino que cada uno es misión para ir a los demás y, si no lo somos, somos cristianos muy mediocres, un peso muerto en la comunidad cristiana.

¿Sabéis por qué? Es, en el fondo, algo muy sencillo: la fe la hemos recibido todos gratuitamente como un don, un regalo, en el Bautismo. “Entonces, bauticemos solo a adultos, para que se enteren los nacidos a la fe a qué se comprometen”. No sé si esa es la solución justa, aunque pueda resolver algún problema a la hora de celebrar la Iniciación Cristiana. No sé si nos damos cuenta también de otro aspecto de este tema: la fe no puede vivir sin un ambiente propicio para crecer. Por eso, bautizamos a los bebés en la fe de los padres y de la comunidad cristiana, porque nuestra pertenencia filial a Dios, que comienza en el Bautismo, no es un acto individual o solo familiar. “Tengo o tenemos un bautismo en nuestra familia y lo celebramos con ellos y nuestros amigos”, oímos decir con frecuencia. No es así la cosa; el Bautismo es un acto eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esa es la fuente de una vida nueva junto a tantos hermanos y hermanas, que crecen en la fe con nosotros. Sobre todo, con la fe de mis padres y mis hermanos.

Y esta vida divina que recibimos en el Bautismo no es un simple acto social, que es costumbre entre nosotros en gran cantidad de españoles; algo tradicional, que tiene poca trascendencia en la vida, porque no se enseña a los niños que deben hacer partícipes a los demás de ese regalo de la fe. Lo que se recibe en el Bautismo no es un producto para vender en ciertos mercados –nosotros no hacemos proselitismo–. Es una riqueza para darla, para comunicarla, para anunciarla. ¿Quiénes? Los ancianos, los de edad media, los matrimonios, los jóvenes o menos jóvenes, los adolescentes y los niños. Cada uno según nuestras posibilidades. Gratuitamente lo compartimos, sin excluir a nadie.

Venimos diciendo reiteradamente, y lo repetiremos hasta la saciedad que, como miembros de la Iglesia, necesitamos “salir” y, por ello, llegar a una conversión misionera constante y permanente. Y aquí, yo quiero poner una cuestión: ¿Estamos convencidos de que la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas, haciéndonos ver nuestro mundo con los ojos y el corazón de Dios? ¿Cómo vamos, pues, a privar a tanta gente despistada, enferma, de esa riqueza, que trae consigo la fe? Sin duda que la fe se propone, no se impone. Es verdad. Pero también dijo san Juan Pablo II que “la fe se fortalece dándola”. Si no la damos, ¿cómo vamos a apreciarla como lo mejor que nos ocurrido en la vida? El DOMUND 2019, ocurre en el Mes Misionero Extraordinario. No dejemos pasar la ocasión, ahondemos en nuestra historia como Iglesia universal y española; veamos los magníficos ejemplos de tantos misioneros de siglos pasados, en los que España era el único país misionero como tal, junto a Portugal. Y ahora mismo somos el país que más misioneros tiene fuera de España. Pidamos por nuestros misioneros actuales que nacieron en nuestras comunidades parroquiales, en nuestros grupos y movimientos, en nuestro Seminario. Por supuesto, también podéis ayudar con vuestro dinero, sembrando para recoger, como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.