Jesús nuestro contemporáneo

Hemos entrado en el Mes Misionero. Para poder ser discípulo y enviado, en este mes y en todo el año, necesitamos encontrarnos con Cristo de modo concreto, porque nadie que no haya experimentado lo que Jesús vale podrá
anunciarle, mostrándole a los demás, los de cerca y los de lejos. Esta experiencia es imprescindible, sin ella poco se puede hacer. ¿Cómo se llega a ella? Es parte del misterio de Dios manifestado en Cristo para cada uno de nosotros. Pero, no
todo es misterio en la Revelación del Señor: hay realidades objetivas a las que la experiencia humana puede llegar.

Lo primero y principal es que Jesús es nuestro contemporáneo, de manera que la relación con Cristo, que define al cristiano, no puede no ser más que de contemporaneidad, porque es una presencia, una persona que está presente en nuestro mundo. Este es un punto fundamental: Jesucristo es contemporáneo de cada uno de nosotros, puesto que, en su resurrección y en su
ascensión, Jesús de Nazaret, hijo de María, ha entrado en la eternidad. Y la eternidad está presente en cada instante de nuestro tiempo; si no, no sería eternidad.

Si se comprende esto, se comprenden a la vez la Eucaristía y todos los sacramentos, que son esos momentos salvíficos de encuentro con Jesús resucitado. Es verdad que la Pascua del Señor aconteció una sola vez y para siempre, y no se puede repetir; pero la Eucaristía hace que estemos presentes en ese acontecimiento, porque su realidad sigue presente como el primer día,
cuando los testigos oculares se encontraron con Jesús vivo y resucitado. La Eucaristía, es importante tenerlo en cuenta, no es sólo la presencia real de Jesús; es la presencia real de la Pascual del Señor y la posibilidad para nosotros de estar presentes en ella.

Queridos hermanos: es muy, muy importante que no perdamos de vista esta “carnalidad” del cuerpo de Cristo tras la resurrección del Señor. ¿Por qué razón? Tal vez lo podamos comprender partiendo de una experiencia que hacemos diariamente. El mundo humano en que vivimos está constituido mediante el cuerpo, con el cual, unido al alma o espíritu, forma el sujeto humano. Este nuestro cuerpo es el signo expresivo y necesario para que se den nuestros vínculos con los demás, el modo de comunicación entre las personas.

Una salvación trascendente que entrara en el mundo humano, no a través del cuerpo, sería ilusoria u obligaría al hombre a evadirse de su mundo que es el mundo creado por Dios.

Hay gente, incluso creyente, que piensa esto despreciando la carnalidad humana; lo cual constituye una posición ciertamente peligrosa. Son tan “espirituales” que no se atreven a tener una verdadera relación con los demás. ¿Y cómo la tendrán con Jesucristo resucitado? Queridos amigos: la vida incorruptible de Dios ha venido a habitar entre nosotros, cuando su Hijo se hizo carne; después Dios ha impedido que la carne de Jesús viera la corrupción en el sepulcro. Y es en esa carne, en el cuerpo resucitado de Jesús, donde “la Vida se hizo visible y nosotros hemos visto” (1Jn 1,2). La carne incorruptible de Jesús es
el “lugar” donde nosotros somos introducidos en la vida de Dios: he ahí, pues, el verdadero templo de la Nueva Alianza a donde nosotros somos invitados a estar injertados en Cristo Jesús, Él como vid; nosotros como sarmientos.

¿Cómo podríamos ser misionero si no dejamos que nos alcance la “carne” de Cristo que trae consigo la carne de los hermanos, sobre todo la de los más pobres, sobre todo porque no han conocido al Señor? Dios nos conceda esta preciosa gracia de encontrarnos con Cristo y llevarlo a los demás, los de cerca y los de lejos. La Iglesia nos necesita, sin duda.

+Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.