Con vosotros, cristiano, para vosotros, pastor

Muy estimados, estos días de octubre tienen lugar algunos cambios de párrocos en algunas de nuestras parroquias. He podido comprobar su extremada generosidad y disponibilidad, con una tarea a menudo hecha en solitario, poco entendida o valorada y, a veces, rebosante de dificultades. Sobre el sacerdote, quién es y qué tiene que hacer, todo el mundo entiende. Especialmente cuando se dice que debería hacer y no hace. Todo el mundo sabe. Quizás es normal, ya que su servicio afecta a todos. Pero ocurre que si habla mucho de Dios, es «espiritualista»; si habla de los pobres o de hechos actuales, «hace política».

Sería conveniente que los cristianos —y también los mismos sacerdotes— tuviéramos clara la identidad del ministerio ordenado. Para aclararla bien, debemos situar la misión del sacerdote en el conjunto del pueblo de Dios. En este punto no podemos hacer nuestro «capricho».

En primer lugar, tenemos que hablar de la vocación básica de todos los cristianos. Todas las vocaciones especiales tienen su base en la condición de bautizados. Somos «iguales en la dignidad», todos somos hijos de Dios, todos discípulos de Jesús, todos llamados a ser santos. Tenemos la misma dignidad, pero no la misma función. En cambio, la santidad a la que estamos llamados, sí es la misma. El Concilio Vaticano II describe así la acción de la Santísima Trinidad en nosotros: «El Espíritu nos impulsa a hacer caso de la llamada de Dios, a obedecer y adorar al Padre, haciéndonos seguidores de Jesús pobre, humilde y cargado con la cruz» (Lumen gentium, 41). La misión también es única: hacer vivo el Evangelio en el mundo. Esto no lo hacemos aisladamente, sino en la comunidad de hermanos y hermanas. También los pastores encuentran la santidad formando parte del pueblo y sirviendo a este pueblo santo de Dios.

Obispos y sacerdotes no somos sucesores de Cristo, sino de sus Apóstoles. El sacerdocio de los pastores surge de la Iglesia y está al servicio de la Iglesia. Los pastores, pues, no dejan de ser simples cristianos cuando son puestos al frente de la Iglesia. San Agustín supo explicarlo con elegancia y claridad: «¿Yo, obispo vuestro? ¡Qué miedo! Pienso entonces: tú estás con ellos, y eso me consuela. Para vosotros soy el obispo; con vosotros, soy cristiano. Obispo, nombre de la carga; cristiano, nombre de la gracia. En el obispo, el peligro; en el cristiano, la salvación» (Sermo 340,1).

Ser obispo le causa temor, dice San Agustín. Tan a menudo que dice Jesús: «¡No tengáis miedo!» Pero la debilidad, el poco acierto, o el pecado mismo, acompañan a los Apóstoles y pastores de la Iglesia, incluso después de haber seguido el Señor y optado por el evangelio. La incoherencia o el pecado de los pastores no debe excusarse, ni nos debe dejar indiferentes. Con todo, puede ser utilizada y manipulada, es arma que puede hacer daño, ya que lleva a pensar que el cristianismo vivido es una quimera, que no es una opción verdadera. El cura, o el obispo, no es un superman, ni un «súper cristiano». Pero, en medio de los otros discípulos, es como el despertador que vela y va delante: «Vela sobre ti mismo y sobre el rebaño», dice San Pablo a Timoteo (1Tm 4,16). Es como el que lleva la antorcha encendida y pasa el fuego a las otras antorchas humeantes o apagadas. Pero la suya debe estar bien encendida, porque, de lo contrario, no pasa la luz.

¡Velemos por nuestros sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales!

† Joan Planellas i Barnosell

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 45 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.