Bautizados y enviados

Escribo esta carta dominical al llegar del santuario de Ntra Sra de Lourdes, de participar en la 167ª peregrinación de la Hospitalidad de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa. La mañana del domingo me ha correspondido presidir la Misa internacional en la basílica de San Pío X, y entre los numerosos concelebrantes de distintos continentes, a mi lado se encontraban dos obispos africanos, uno de Burkina Faso y otro de Nigeria. Explico este detalle porque estamos celebrando un aniversario que tiene mucha relación. El Papa Benedicto XV publicó el 30 de noviembre de 1919 la Carta Apostólica Maximum Illud, que trata sobre la evangelización del mundo, un deber permanente de la Iglesia. Al cumplirse los 100 años, el Papa Francisco ha promovido y convocado el mes de octubre de 2019 como Mes Misionero Extraordinario, con el fin de reavivar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo ardor la actividad evangelizadora de la Iglesia.

La publicación de Benedicto XV tuvo lugar unas semanas después de que finalizara la Primera Guerra Mundial, en plena decepción colectiva como consecuencia de la tragedia de la guerra. Por otra parte, había llegado el  momento de  distinguir y separar la evangelización del colonialismo. De ahí la importancia de aquella carta, que trataba sobre el cuidado de los misioneros, la necesidad de impulsar de nuevo la misión, la búsqueda de nuevos colaboradores, y la promoción y formación del clero nativo, y que daba un mayor protagonismo a las Iglesias locales. Esto llevaría a que en unos 20 años se consagraran los primeros obispos nativos y la evangelización comenzara a pasar a las religiosas, religiosos y sacerdotes nativos. Benedicto XV dio un gran impulso a la missio ad gentes,  despertando la conciencia del compromiso misionero, especialmente entre los sacerdotes.

Esto responde al mandato misionero de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). Cumplir con este mandato del Señor no es algo secundario para la Iglesia; es una tarea ineludible, porque la Iglesia es misionera por naturaleza. Los cuatro evangelistas recogen el mandato misionero, con elementos comunes y a la vez con énfasis característicos.  Hay dos elementos presentes en los cuatro evangelios: en primer lugar, la dimensión universal de la tarea encomendada: «A todas las gentes» (Mt 28, 19).  En segundo lugar, la seguridad de que en esta tarea ellos no estarán solos sino que recibirán la fuerza y los medios para desarrollar su misión. El fundamento es la presencia del Espíritu Santo, y la presencia de Cristo resucitado en medio de ellos todos los días hasta al fin del mundo. Por lo tanto, la misión de los discípulos es colaborar con la de Cristo y no se fundamenta en las capacidades humanas sino en el poder del Señor resucitado presente en su Iglesia.

El evangelista San Juan da un paso más al relacionar directamente la misión que Jesús confía a sus discípulos con la que él mismo ha recibido del Padre: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21). También en la oración sacerdotal después de la Santa Cena Jesús, dirigiéndose al Padre, dirá: «Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo» (Jn 17, 18). El sentido misionero del Evangelio de Juan está expresado en el capítulo 17: la vida eterna consiste en el conocimiento de Dios y de su enviado, Jesucristo. La finalidad última de la misión consiste en que los discípulos participen de la comunión que hay entre el Padre y el Hijo y de esta manera el mundo llegue al conocimiento de la verdad y a la fe. El evangelista Juan subraya que es más importante el ser que el hacer o actuar. Es condición imprescindible vivir la unidad con Dios y con los hermanos para poder ser creíbles en la misión.

 

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.  

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.