Bautizados y enviados. Somos Iglesia en camino

Bautizados y enviados. Somos Iglesia en camino

Para la Iglesia de hoy la actividad misionera es el mayor de los desafíos. En un contexto en el que corremos el riesgo de centrarnos en nosotros mismos, en nuestros particularismos, necesidades, problemas y dificultades, podemos acabar reduciendo la misión, única y exclusivamente a nuestras fronteras, y justificar esta postura en el hecho de vernos apurados por la carencia de vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada; es cierto que esta desertización vocacional está empobreciendo la vida de nuestras comunidades, por eso, creo que es bueno que nos recuerden en la actualidad que los católicos – en especial los pastores – no podemos arriesgarnos a clausurarnos dentro de nuestros respectivos territorios, de tal modo que lleguemos a considerar como algo enajeno todo aquello que no entra dentro de nuestro círculo de acción pastoral.

La misión es una realidad inherente a nuestra vocación cristiana y es tarea propia del Obispo, como centro de unidad en el apostolado diocesano, promover, dirigir y coordinar la actividad misionera. Eso es lo que procuro hacer dentro de mis limitaciones y fragilidades, aunque tengo que reconocer que esta tarea está muy bien desempeñada por la Delegación episcopal de Misiones. Desde ella, a través de tantas personas que colaboran generosamente con entrega y dedicación, se lleva a cabo esta hermosa y fecunda labor pastoral-misionera.

Cada Iglesia particular es misionera por naturaleza y la fuerza expansiva del amor de Cristo nos debe llevar más allá de nuestras fronteras. En este contexto, nuestra Iglesia particular sintió la necesidad de embarcarse en un Sínodo Diocesano con el que se busca, entre otras muchas cosas, descubrir la riqueza que aportaron a esta Iglesia local las raíces misioneras de nuestras gentes y, teniendo en cuenta la fidelidad y entrega de esos hermanos y hermanas que hicieron grande a esta Diócesis y llevaron su presencia y vida eclesial más allá de nuestras fronteras, queremos redescubrir como podemos ser, hoy, una Iglesia en salida, una Iglesia misionera tanto dentro como fuera de nuestros horizontes existenciales.

 

El Mes Misionero Extraordinario que, por deseo del Santo Padre Francisco, celebramos en octubre de 2019 es una ocasión para acercar de una manera más viva el ser misionero de la Iglesia que tantos de nuestros contemporáneos ignoran, de manera especial los niños y los jóvenes a los que ya no llega el mensaje de la fe, porque el entramado social en el que se mueven y que los rodea por todas partes, los blinda ante cualquier signo del hecho cristiano. Este mes Misionero tiene que convertirse en una ocasión propicia para despertar una fe, en ocasiones, adormilada o tibia y, de manera especial, para hacer presente el mensaje de Jesús anunciado por la Iglesia en los distintos ámbitos de nuestra sociedad donde se encuentren, especialmente, los niños y los jóvenes. Este mes Misionero es un reto para poner a prueba nuestro talante misionero, para esforzarnos por encarnar nuestra fe en nuestro entorno habitual. El Sínodo nos está ayudando a descubrir que nuestra Iglesia en Ourense quiere renovarse y sentirse tan viva como lo fue a lo largo de su milenaria historia de fidelidad y de santidad.

+ Leonardo Lemos Montanet,

Obispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
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Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.