¿Dónde está el Bien?

La libertad se define, no por hacer cada uno lo que le venga en gana, eso es libertinaje, sino por optar por el bien. Pero, ¿cómo optar por el bien? ¿Cómo puedo yo o cómo podemos distinguir el bien del mal? De esto quiero tratar hoy.

En primer lugar, quiero afirmar, porque estoy convencido, de que todos sabemos qué es lo bueno y que es lo malo para cada uno de nosotros y para los demás. Para descubrirlo tenemos que proceder no a la ligera, ni dejándonos llevar por nuestros primeros impulsos, sino recapacitar, pensar, reflexionar, pararnos un poco y ver qué es lo desearíamos para nosotros y qué es lo que desearíamos si estuviéramos en el lugar del otro.

Pero, me dirás: somos muchos, ¿cómo puedo ponerme en el lugar del otro? Desde la visión cristiana hay dos medios para poder decidirse por lo bueno para cada uno y para los demás. En primer lugar, la ley; después la conciencia. Pero ¿qué es la ley? Porque los tiranos y los dictadores dictan leyes; también las democracias en un régimen parlamentario del tipo que sea aprueban leyes obligatorias y unas son justas y otras injustas. Según santo Tomas de Aquino la ley es la “Ordenación de la razón, dirigida al bien común, y promulgada por el tiene a su cargo la comunidad” (Santo Tomas. Suma Teológica, 1-2,90,4). Supone una ordenación racional. Las leyes son buenas o malas no porque estén prohibidas por una ley o no permitidas. La bondad o la maldad preceden a las leyes. Serán buenas o malas en la medida en que se orienten y busquen el bien del hombre. Una acción es buena o mala por que esté permitida o no esté castigada por la ley; sino porque esté en consonancia con la dignidad del ser humano. Hay leyes injustas porque van contra el ser humano, aunque las haya aprobado un parlamento o cien cámaras, como un genocidio, la muerte de un ser inocente y el mismo aborto. Lo decisivo es el bien común, que no es el bien mío exclusivo, sino el de todos y cada uno, teniendo en cuenta al ser humano en toda su integridad, en su dimensión física, espiritual, social y religiosa. No puede buscar el bien uno o de unos pocos, porque eso sería un privilegio- una ley privada-; los privilegios carecen de dimensión moral. Las leyes son para todos, universales, en provecho de todos los ciudadanos, no de unos pocos. Un sistema legal que no tiene en el horizonte el bien común, puede ser calificado de ilegítimo. Eso sería discriminar. Desde aquí hay que valorar si, bajo el amparo de la ley, se mantiene a algunas personas, grupos o minorías excluidas de los beneficios comunes.

La primera ley es la llamada ley natural, aunque algunos hoy no quieran saber nada de ella o la nieguen. Es la que está inscrita en el mismo ser del hombre, en su ser más íntimo y que se puede expresar en: haz el bien y evita el mal; haz a los demás lo que tú quieres que te hagan o no hagas a los demás lo que tú no quieres que te hagan. Una expresión de la misma son los llamados Diez Mandamientos. Son diez palabras -decálogo- que Dios propuso y ofreció al pueblo si quería vivir en alianza, en un pacto de amor, con Él. Responde al plan y al proyecto de Dios sobre el ser humano. Para cumplirla, es verdad, necesitamos la luz de Dios y su gracia porque cuántas veces nos confundimos, no vemos las cosas claras.

Para los creyentes Jesús resumió toda ley en amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Él es nuestro Maestro y Señor, y nuestra referencia última: obrar y amar según Jesucristo. San Agustín dirá: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor, si hablas, habla por amor, si gritas, grita por amor, si perdonas, perdona por amor, si corriges, corrige por amor. De esta raíz no puede salir sino el bien” (Comentario a la primera carta de Juan, homilía 7,8), pero sabiendo que la fuente del amor es Dios, porque Dios es Amor, no el amor es Dios, sino Dios es amor. Me dirás que muchas leyes civiles no buscan el bien común sino el mal menor; que no siempre lo legítimo o legal es justo. y es verdad. Estas deben ser justas, es decir, buscar el bien común, ser buena, es decir, reflejar y buscar unos valores éticos y promulgada por el que tiene autoridad. Cuando no son justas no obligan en el ámbito de la conciencia, es lícito oponerse “porque es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech.5,29), pero en esto hay que proceder guiados por la virtud de la prudencia, evitando escándalos y evitando males mayores.

 

+  Manuel Herrero Fernández, OSA.

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.