Mes para ser discípulos y misioneros

Reanudo esta comunicación con vosotros, los fieles católicos de Toledo, cuando está llegando el mes de octubre. El día primero celebramos a Santa Teresa del Niño Jesús, un espíritu grande, patrona de las Misiones. Ella vivió la vocación cristiana de encuentro con Cristo y anhelaba estar en tantos sitios de misión para anunciar lo más grande que ha sucedido en nuestro mundo: a Jesucristo.

Octubre, además, este año nos pone en actitud de ser más conscientes de que un cristiano, si no está preocupado por vivir su fe en el encuentro con Cristo y de que los demás gocen de lo que es nuestra alegría, no es digno de ese nombre. Ya ha pasado la época en la que eran los misioneros los que se ocupaban exclusivamente de anunciar el Evangelio en lugares de misión; los demás a vivir la fe en plan pasivo y a lo nuestro. Hoy, eso no es posible y, además, es nocivo. Cada uno de nosotros es responsable de la misión y del testimonio de Cristo, de difundir el modo de vivir del Señor, abierto al Padre, con el Espíritu Santo viviendo en nosotros.

El mes misionero, que empezaremos en Talavera de la Reina, el día 1 de octubre es una llamada urgente a ser discípulos y misioneros. Es el inicio de este mes especial. Sí, tenemos que hacerlo, como es misión de los hijos de la Iglesia desde siempre, aunque haya estado olvidada esa misión nuestra durante tanto tiempo, sin seguir la primera evangelización que los Apóstoles llevaron a cabo, sobre todo san Pablo, que era acompañado por un grupo de misioneros, cada uno realizando su misión. Eso es lo que quería también el Papa Benedicto XV, cuando parecía una extravagancia eso de ser misioneros los fieles laicos, e incluso los religiosos y sacerdotes. Por eso escribió el 30 de noviembre de 1919 la carta apostólica “Maximud illud”, en la que describe las líneas fundamentales de las misiones, la llamada misión “ad gentes”, reclamando que la Iglesia y su misión son universales y no se quedan en el propio campanario, de la comunidad pequeña.

Hay que vivir y anunciar el Evangelio, aquí, en la diócesis de Toledo y en los lugares de primera misión. En estos países, con mayor generosidad e insistencia, pero en Toledo sin dar por supuesto que aquí todos estamos evangelizados, lo que sería un enorme error, sin participar de la responsabilidad de llevar todos el Evangelio. Lo contrario sería considerar a los fieles laicos de segunda división, viviendo la fe sin músculo.

La Carta “Maximud illud” no fue bien acogida en todas partes, dice el profesor Carlos Vizuete (Padre nuestro, 22.09.2019), y hubo quien escribió que la “creación” de un episcopado indígena y la institución de clero indígena son aberraciones”. ¡Qué profetas! ¡Qué enorme visión de lo que es el cristianismo tenían quienes así opinaron! Pero nosotros también podemos caer en semejantes errores, pensando, por ejemplo, que por qué animar a sacerdotes, religiosos y fieles laicos a ir a la misión, cuando hay que hacer aquí; ¿por qué molestar a los que no son cristianos o no han llegado a conocer bien la fe cristiana? Tenemos que experimentar que, en la medida en que nos implicamos en la misión “ad gentes”, encontraremos lógico anunciar a Cristo en nuestra sociedad alejada de Cristo y que padece el déficit de la alegría y la paz que da solo Dios y el Evangelio.

Os invito, hermanos, a vivir con intensidad el Mes Misionero, merece la pena. Participad en tantos momentos misioneros de este Mes. No os arrepentiréis. Dios os bendiga.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 305 Artículos
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.